1 de enero de 2001

Terminen con los subsidios K

Posted By: Sergio Marino - 7:55
La argumentación en contra de los subsidios se ha corrido de eje. Antes se los objetaba por el déficit fiscal que generarían pero hoy, a fuerza de una década de superávit, el reclamo pasa “por una mayor equidad”, algo como “para dejar de beneficiar injustamente a unos POCOS, dejemos de subsidiar a TODOS”. No por contradictoria, la frase deja de ser efectiva como propulsora de rechazo.

Por lo general, la misma persona que se presenta como contraria a subsidiar a ricos (que incluso se suele definir como rico, sosteniendo un argumento que sería contrario a su interés) rechazaría cualquier intento de aumentar la presión tributaria sobre esos mismos ricos. La equidad sería así un sano objetivo si se obtuviese por la eliminación de la universalidad en los subsidios, pero deja de serlo cuando se propone por vía de una mayor presión tributaria individual.

En Argentina el Estado subsidia las plazas: las mantiene en forma no onerosa para sus usuarios. Hay más metros de plaza por habitante en las zonas ricas de las ciudades que en las populares; probablemente también sean las mejor cuidadas. He aquí un subsidio obsceno que nadie objeta.

Nuestro Estado también subsidia el transporte terrestre público y privado: arregla calles, semáforos, dispone de un enjambre de agentes de tránsito, administra multas, cartelería, hospitales que se ocupan de los accidentados de transito, los cementerios para los muertos por esos accidentes y mucho más. Subsidios que nadie objeta y que, de nuevo, benefician más a los sectores acomodados que utilizan vehículos particulares y que deberían pagar peajes altísimos cada vez que salen a la calle o cruzan un semáforo.

El Estado subsidia al Teatro Colón, su mantenimiento mensual y edilicio. Sin esta ayuda, los amantes de la ópera deberían pagar una entrada o abono mucho más caros.

El Estado subsidia sus embajadas para que los ciudadanos viajeros y las empresas exportadoras tengan asistencia gratuita allí donde la ventura los encuentre.

En Argentina existen innumerables subsidios que nadie nunca objetó y que también benefician más a los pocos. ¿Por qué aparece recién ahora la feroz oposición contra los subsidios? ¿Por qué la crítica se focaliza en los subsidios al transporte y a la energía, que son justamente subsidios universales, fuertemente populares y que generan crecimiento? ¿Por qué esa actitud altruista no apareció contra la millonaria obra del Colón?

La crítica despiadada no nace de la vergüenza por los pocos acomodados que reciben subsidios “injustamente” sino, por los muchos excluidos que se benefician “sin merecerlos”. Esto es lo que produce rechazo: que los afro-vecinos reciban gratuitamente energía, transporte, salud, educación, seguros de desempleo, asignaciones por hijo, etc.

Un último párrafo sobre la eficiencia de “filtrar” los subsidios universales para evitar que los reciban personas con recursos (“means testing” en inglés). En Europa, donde la relación de incluidos sobre necesitados es mucho mayor que aquí (todavía), donde uno podría suponer que hay más personas con recursos que se benefician “por error” de los subsidios universales, estos subsidios a los servicios públicos (transporte, energía, agua, y muchos etcéteras) se mantienen como universales sin ningún filtro.

El Barón de Rotchild en París paga el mismo precio subsidiado por su boleto de subte que un inmigrante norafricano. Sus viajes en tren interurbano gozan de los mismos descuentos y la energía le es subsidiada como a cualquier vecino. El desquite viene cuando el pobre Rotchild presenta su declaración anual de impuestos y el fisco le saca por encima del 50% de sus ganancias anuales.

Ese torrente de dinero que ingresa a las arcas del fisco hace olvidar a los indignables “Joaquín Morales Solá” parisinos cualquier cambio chico que haya podido recibir por falta de filtro, en descuentos de cospel de subte o en la electricidad barata con la que calentó sus tinas de baño.

¿Cuántas tinas puede calentar Rotchild para su baño? Nada que un punto o dos de aumento en la alícuota de ganancias no pueda reparar.

El odio contra los subsidios universales no proviene del hecho de que sean subsidios sino de su condición universal.

Producción: MESADEAUTOAYUDAK.BLOGSPOT.COM

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Soy Sergio Marino

Nagus es un muchacho de barrio devenido en emprendedor. Amante de la música, el cine y las series, el deporte, la tecnología, la historia, la polítika y todo aquello que puede arruinar una sobremesa familiar.

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