1 de enero de 2001

Quizás tengan éxito, pero no tienen Plan

“No tienen un plan de industria”.
“No tienen un plan para la plantación de papa exótica”.
“No tienen Plan”.

Esta objeción se parece a la que gira en torno a las reuniones de gabinete o a las tomas de decisión sin previa consulta con la oposición. ¿Qué clase de objeción es ésa? ¿A quién le importa cómo la Presidenta lleva su gobierno o cómo ordena su escritorio si cumple los objetivos? Si logra resultados, ¿por qué exigirle un plan?

Sólo objeta esto quien carece de argumentos para criticar un rumbo que le disgusta. Le resulta más fácil reprocharle al Presidente que llame a sus ministros fuera de hora.

En general, el establishment suele exigirles un Plan a los gobiernos más populares. Por otra parte, es el único actor que puede exigir plan, ya que los demás exigen pan, paz, trabajo, libertad. La popular exige resultados.

Es fácil tener un plan de acción fijo y escrito cuando el rumbo gubernamental emprendido coincide con la voluntad del poder, de sus think tanks y con todo su cardumen de economistas y politólogos. En ese caso, el plan no sólo existe sino que está redactado de antemano y preaprobado. Lo único no incorporado es la voluntad popular, la negociación con los intereses en conflicto de los simples ciudadanos.

En otras palabras, la democracia no está incorporada al Plan.

Dicho esto, carecer de un plan no es sinónimo de carecer de un rumbo o de ser imprevisible. De hecho, el rumbo de los dos gobiernos K ha sido muy claro y previsible. Sus grandes líneas aparecen en los discursos de Néstor y sobre todo de Cristina. Además su orientación es clara: entre dos opciones estratégicas que se presenten, podemos prever cual intentarán tomar.

Si bien no hicieron todo lo que previmos, sí fue previsible todo lo hecho en sus grandes líneas. Esto es un plan de acción política, que incluye a la política, sus vaivenes, sus incertidumbres y los cambios de voluntad popular.

La exigencia de un Plan es sólo otra “crítica escondida” al rumbo dado. Nadie se queja de la falta de Plan si el rumbo lo convence.

No hay república democrática que pueda guiarse por un Plan, y para qué tenerlo si no va a seguirlo. Con elecciones cada dos años, la democracia tiene una lógica imposible de escribir en un plan. De hecho ni siquiera siguieron un plan aquellos que, como Martínez de Hoz, se libraron de la presión cambiante de la voluntad popular.

En realidad, Joe padeció la presión suya y de sus secuaces. Por eso privatizó algunas empresas, nacionalizó otras, arruinó algunos sectores industriales, favoreció a otros. Claro que, ex post, presentó su Plan en un libro, como mostrando una lógica detrás de la rapiña, como aquellos reyes que después de coronarse a golpe de espada hacían gala de una genealogía que probaba su origen divino.

Mejor hablemos de logros o de fracasos, y no de planes. Si la gente está mejor, con mayor inclusión y un mayor grado de derechos, qué importa si el gobierno lo consigue sin Plan, sin reuniones de gabinete, sin conferencias de prensa y sin consultar a sus ministros o secretarios. Habrá que ver si ésta no es una forma mejor de gobernar.

No importa tener plan; importa tener rumbo. Y sin rumbo nadie logra lo que lograron estos gobiernos. Si no es magia, es devoción religiosa.

Producción: MESADEAUTOAYUDAK.BLOGSPOT.COM

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