Internet ¿Un Instrumento De Paz?

La admiración que sienten las personas por algunos famosos es tan común, que se acuñó la palabra “cholulismo” para denominar a este sentimiento. Un argentinismo creado hace 55 años por un oriundo de Barcelona que habitaba nuestro suelo, Mariano de la Torre Carlés, quien por aquel entonces dirigía la revista deportiva “La Nueva Cancha”. Solía preocuparme este concepto ya que siempre sentí y siento que algo me faltó de este tipo de fascinación ya que, por ejemplo, nunca tuve la necesidad de acercarme a nadie para pedirle un autógrafo y, lo que es peor, no imagino querer ninguno. ¿Seré raro?.

Esto no significa que no admire a otras personas, muy por el contrario, y si debo citar a una sería Francisco Román, de quien he tenido el orgullo de ser el nieto. Una tarde de verano, hablando de nada en particular él me comento: “Qué curioso, los tres motivos que provocaron las mayores matanzas en la historia de la humanidad fueron invisibles a nuestros ojos, las fronteras, las pestes y la religión”. Claro está que el instrumento que llevó al ser humano a la devastación usualmente fue la guerra, más allá del motivo invisible que se usara como excusa, y por la guerra conocimos las peores atrocidades y también los avances tecnológicos más notables.

Una prueba de esto la dieron dos científicos 65 años atrás, cuando en tiempos de posguerra construyeron a ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Computer), la primer computadora electrónica digital que ocupaba el sótano de la Universidad de Pennsylvania, con 32 toneladas, 17.468 válvulas, 2,40 metros de ancho y 30 de largo. John W. Mauchly y John P. Eckert, los científicos en cuestión, la armaron con el objetivo de acelerar los cálculos en disparos de artillería, obteniendo datos sobre la trayectoria de los proyectiles.

Otro hito fue impulsado por el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos, cuando intentando comunicar a distintos organismos de ese país -con objetivos militares- promovió a fines de los 60’ la creación de Arpanet, cuya evolución hoy conocemos con el nombre de Internet después de su privatización hace 15 años.

Hay quienes repiten “no hay mal que por bien no venga”, y también estamos quienes pensamos que hoy, en el siglo 21, cuando toda la tecnología de la vieja ENIAC entra varias veces en el teléfono celular que cuelga de tu cintura, quizás la humanidad ya no necesite una guerra para impulsar su próxima conquista científica, quizás ya estemos convencidos que vivir sometidos por el terrorismo y la aniquilación de países del Oriente Medio no son un precio aceptable.

Puede ser que la principal causa de muerte en el mundo siga siendo invisible, pero también puede ser que otras creaciones invisibles, como Internet, nos ayuden a cambiar de camino.

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