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Olé Open Bar

Olé Open Bar participó en un momento muy especial de Buenos Aires, y de mi vida personal. Si pasaste por Olé, seguro tenés una historia que contar.

7 de noviembre de 2011

La Tecnología Es Dios

Las profecías son chimentos vedados para los ateos, si no hay fe los profetas pierden todo su encanto. Sin embargo, hace una década vimos a muchos agnósticos temerosos por el Y2K, hoy devenidos en expertos de la cultura Maya que explican en cada evento social la precisión iluminada de sus tres calendarios: cómo el día galáctico de 25.625 años gregorianos tomado de los Chiapas, terminará un ciclo el próximo 21 de diciembre de 2012, momento en el cual el centro de la galaxia (Hunab-Ku) emitirá un latido -algo similar a un pulso de sincronismo- que apagará nuestro mundo. Parece que el famoso Fin del Mundo será sólo un reset.
Algo implícito en las profecías son sus múltiples interpretaciones, si fueran claras Nostradamus no vendería más libros que Horangel. En este caso, la más interesante descifra al lapidario Hunab-Ku como un gigante púlsar que habita en el centro de la galaxia y emite su radiación electromagnética cada 5.125 años (5 por cada día galáctico). Simplificando, una forma de reiniciar la galaxia y todo lo que hay en ella.

Juguemos por un instante a que el conocimiento de ah kin es sabio, y el 22 de diciembre la Tierra amanece con un pequeño cambio: no hay electricidad.
Por suerte cae sábado y no uso despertador, tendré un desayuno tardío sin microondas ni cafetera eléctrica, pero ¿cuánto tiempo puedo pasar rodeado de mi amada familia sin televisión, computadora, radio, teléfono… PlayStation?, sin saber si el apagón es en el barrio, la ciudad, el país o del mundo. Más temprano que tarde recurriré al auto para sumar mi angustia a la de un amigo o familiar, veré que las calles están inundadas de almas con la misma sensación, y podré sentir que la tensión se acrecienta si el tanque de nafta no llega a la mitad.

Los primeros dos o tres días serán especiales, a falta de diarios los vecinos difundirán las más extrañas historias y explicarán lo sucedido con relatos disparatados. Comenzarán los primeros saqueos pero sin la presencia de periodistas o policías, pues ya no habrá cómo dar aviso ni acudir a socorrerlos. El combustible será lo más preciado después de las provisiones que habitan una heladera que ya no enfría. Antes de una semana la ciudad será una trampa mortal, hay que huir!

Pasados los primeros días seguiremos sin tener noticias del mundo, pero ya convencidos que esto no es un corte temporal. Después de presenciar alguna muerte en nuestra vereda, pensaremos en partir hacia esa casa de campo donde pasamos las últimas vacaciones, porque “la gente de campo sabe vivir sin electricidad”.
Asumiendo que la muerte mencionada no fue la nuestra, comencemos a suponer que después de una semana tenemos provisiones para “los nuestros”, tenemos auto y nafta para salir de la ciudad, tenemos una ruta despejada y libre de peligros para llegar a nuestro destino y, a propósito del destino, ¿qué tan lejos hay que ir para vivir sin tecnología?

Mientras suponíamos todo lo anterior llegamos a una granja, y decidimos seguir suponiendo que nadie habrá llegado antes para impedirnos la entrada, incluyendo a sus originales dueños, claro. Y ya que estamos, asumimos que nuestro rancho vacío nos espera con ganado. ¿Cuántos en el auto saben carnear una vaca o un cerdo…?, porque todos llegamos con hambre. Rápido de reflejos yo me ofrezco a prender el fuego, aunque mi fuerte nunca fue cortar leña.

Hoy festejamos el Fin de Año! Feliz 2013!. Esta vez sin pirotecnia, como recomendaba la abuela. Luego de pasar diez días sin tecnología entendimos que los animales de una granja se acaban, como se acaba la nafta, entendimos que para defenderse o cazar se necesitan armas y que nada de esto brota de la tierra. Ah!, hablando de la tierra, en las granjas del siglo XXI se utilizan tractores con motor para sembrar, y aunque decidamos seguir suponiendo que no es así, ¿dónde están las semillas?, ¿cuándo y cómo hay que sembrarlas?, ¿cómo viviremos hasta la cosecha?, ¿cómo convertimos el trigo en pan?

¿Alguien sabe manejar un arado?, porque entonces habremos sepultado la civilización tal como la conocemos y estaremos retomando desde el Génesis.

¿Cuándo adherimos a la Religión Tecnológica?

Está claro que la civilización actual no sobrevive un mes sin electricidad. Cada mañana hacemos un salto de fe ciega a nuestra nueva religión, la Tecnología. Cada vez que suena el despertador, encendemos la luz o consultamos nuestra cuenta bancaria. Hasta el conocimiento lo guardamos digitalmente. Nuestra sociedad, nuestro mundo entero se entregó a esta fe, pero ¿cuándo tomamos esa decisión?

Según las insuperables “Connections” de James Burke, unos 12.000 años atrás las civilizaciones del norte de India, Siria, Egipto y Centro América comenzaron a preocuparse por el cambio climático (quizás fueron antepasados de Al Gore). Había dejado de llover y se calentaba el planeta. Comenzaron a formarse los desiertos, a morir de hambre los animales y con ellos los hombres. Había que ir por agua.

El río Nilo, que alcanzó la fama por ser el más largo del mundo hasta ser destronado recientemente por el Amazonas, tiene otra particularidad mucho más interesante. Es el afluente del Nilo Blanco y del Nilo Azul, uno con aguas sucias de vegetales y el otro con potasio, provocando que en cada crecida se rieguen sus costas de abono y fertilizante. Para una población que huía de los desiertos este era el paraíso, pero ¿cómo acelerar la producción para este aluvión de personas?. Con el primer invento que fundó nuestra civilización, el arado.

El arado fue el gatillo que disparó a la civilización hacia lo que somos. Fue entonces que los hombres confiaron en tener alimento el día de mañana, y por lo tanto una razón para establecerse en esa tierra. Nacieron los asentamientos, crecieron como pueblos y comenzaron los desafíos de las urbes. La humanidad dejó la caza nómade para entregarse a un sedentario arado.
Domesticaron tantos animales como pudieron, por su leche, carne y abrigo. Aprendieron a entrelazar las planas, surgieron los telares y para cocinar el grano se construyeron hornos y vasijas para almacenar el excedente.
Con este remanente de granos la sociedad tomó un rumbo irreversible, nació la propiedad privada y todo lo que eso implica.

Primero se consensuaron símbolos para estampar en las vasijas: “qué hay dentro y de quién es”, el comienzo de la escritura. Después, tuvieron que determinar la propiedad de los campos que producían ese grano, demarcarlos y canalizar la crecida del Nilo para que no borre esas marcas, se necesitó de la aritmética y la geometría. Y finalmente, cuando tuvimos una propiedad que proteger, precisamos modelar los metales para construir armas y carros que las transporten. Dejando para el postre lo mejor la burocracia, algunos escribas que lo documenten todo, algunos recaudadores que cobren impuestos por organizar todo esto y por supuesto, un ejército que garantice que “la casa está en orden”.

¿Cómo crear un liderazgo que gobierne esta nueva sociedad?

Hasta la llegada del arado las tribus cazadoras eran lideradas por el más fuerte, el músculo del mejor cazador, pero cuando sucumbieron bajo el influjo de la tecnología nacieron las castas sociales detrás del “conocimiento”.
Para una civilización que surge en la ribera del Nilo, el Faraón será quien pueda predecir cuándo comenzará la crecida, ya que es determinante para el momento de la siembra y esto sólo un enviado de dios lo sabría. Podríamos aventurar sin arriesgar demasiado que el primer Faraón fue un astrónomo que advirtió que la estrella Sirio aparecía en el amanecer de cada 17 de julio, un día antes que el Nilo anegue el valle por completo. Sumemos a la perspicacia del astrónomo que el fenómeno se repite cada 365 días, y tendremos un eficaz calendario. El que maneja el calendario de lo más preciado -el agua- tiene la organización, sabe cuándo cada uno debe hacer qué cosa, tanto sembrar como cosechar, y por consecuencia “manda”.

Sólo un ingrediente basta para que nuestra sociedad evolucione, tiempo. Esperemos hasta el año 3000 AC y veremos nacer la primer construcción que subsiste hasta nuestros días, la pirámide escalonada de Josef en Saqqara emplazamiento de la necrópolis de Menfis, en la ribera del Nilo y a 30 kilómetros de El Cairo. Aun hoy nos seguiremos preguntando cómo la construyeron.

Resumiendo, así logramos la rueda, los canales de riego, el telar, el calendario, la escritura, la metalurgia y el origen de todo: el arado. Cuando aquella sociedad lo utilizó para multiplicar su siembra y dominar la naturaleza, nos ató de por vida a mejorar nuestro destino en base a nuevas invenciones. Los primeros egipcios se entregaron a la tecnología del arado para salvar sus vidas, y encausaron su estructura social confiándolo todo al conocimiento del enviado de dios. Hoy “la tecnología es dios”.

Never before have so many people understood so little about so much”, James Burke.

Sergio Marino

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