Boardwalk Empire [****]<br />Así nació Atlantic City y se forjó una nación

Bajar la Serie A través de los saltones ojos de Enoch "Nucky" Thompson (Steve Buscemi) podemos conocer los EE.UU. desde la primera posguerra, hasta el crack bursátil del jueves negro. Pasando por la emancipación femenina, la integración racial, y toda la lógica de poder que nace tras la ley seca.

Boardwalk Empire es una serie de gangsters basada en hechos reales, nos explica lo que hacen personas normales en contextos de presión anormales. Pueden entenderse tanto los años 20’ cuando se prohibió el alcohol, como el hoy cuando se prohíben las drogas. Nos explica sobre relaciones familiares, inmigración, política y poder, con un guión particularmente cuidado.

Su creador, Terence Winter, está estrenando su segunda creación –Vinyl– este 14 de febrero, para tener en cuenta. Entre los Directores pasamos, desde el nominado al EMI por este trabajo Timothy Van Patten (Game of ThronesThe Sopranos, Roma) hasta Martin Scorsese. La música es para resaltar, toda una creación de esa época. Y la producción y ambientación son excelentes.

El reparto es muy numeroso, una real maratón de talentos compitiendo. El multigalardonado Steve Buscemi (Interview, Delirious, 13 Moons) es el protagonista omnipresente en sus cinco temporadas. En las dos primeras coprotagoniza con un sólido Michael Pitt (Criminal Activities, Orígenes, Rhinoceros Eyes), después se luce con las compañías femeninas de la escocesa Kelly Macdonald (Intermission, Gosford Park, Entropy) y una adorable -ya- señora Patricia Arquette (Medium, Stigmata, Goodbye, Lover). Para mencionar sólo las composiciones más notables, incluimos al imperturbable Michael Shannon (The Iceman), el osco Michael Kenneth Williams (The Sweet Blood of Jesus), la beldad de Gretchen Mol (An American Affair), y un espectacular Jack Huston (Posthumous) que actúa con sólo la mitad de su rostro.

En sus cinco años Boardwalk Empire fue nominada a 39 Emmys de los cuales ganó 13, a 7 Globos de Oro, a 4 Satellite Awards y 15 del Sindicato de Actores.
Una particularidad de la serie, termina con una temporada de sólo ocho capítulos que son lo mejor de sus cinco años. Por todos esto me pareció Notable [****].

Bajar la Serie
TÍTULO ORIGINAL: Boardwalk Empire
AÑO: 2010
DURACIÓN: 55 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Terence Winter (Creator), Timothy Van Patten, Allen Coulter, Jeremy Podeswa, Ed Bianchi, Brad Anderson, Alik Sakharov, Jake Paltrow, Martin Scorsese
GUIÓN: Terence Winter, Cristine Chambers, Bathsheba Doran, Meg Jackson, Howard Korder, Steve Kornacki, Itamar Moses (Libro: Nelson Johnson)
MÚSICA: Varios (Tema principal: The Brian Jonestown Massacre)
FOTOGRAFÍA: Jonathan Freeman, Kramer Morgenthau
REPARTO: Steve Buscemi, Kelly Macdonald, Shea Whigham, Michael Shannon, Stephen Graham, Michael Pitt, Gretchen Mol, Michael Kenneth Williams, Jack Huston, Vincent Piazza, Aleksa Palladino, Paul Sparks, Michael Stuhlbarg, Paz de la Huerta, Anatol Yusef, Anthony Laciura, Dabney Coleman, Charlie Cox, Greg Antonacci, Jeffrey Wright, Bobby Cannavale, Ben Rosenfield, Kevin O'Rourke, Victor Verhaeghe, Patricia Arquette, Robert Clohessy, Ron Livingston, Domenick Lombardozzi, Erik LaRay Harvey, Marc Pickering, Dominic Chianese, Margot Bingham, Julianne Nicholson, Meg Chambers Steedle, William Forsythe, Stephen de Rosa, Stephen Root, James Cromwell, Heather Lind, Tony Curran, Brian Geraghty, Ian Hart, Louis Gossett Jr., Matt Letscher
PRODUCTORA: Emitida por la cadena HBO; Home Box Office (HBO) / Leverage Management / Closest to the Hole Productions / Sikelia Productions / Cold Front Productions
GÉNERO: Serie de TV. Thriller. Drama. Crimen. Mafia. Basado en hechos reales. Años 20
SINOPSIS: Serie de TV (2010-2014). La Primera Guerra Mundial (1914-1918) ha terminado y Wall Street está a punto de explotar. Es una época de cambios: las mujeres obtienen el derecho al voto, la radio llega a los hogares y los jóvenes gobiernan el mundo. Atlantic City (Nueva Jersey) es un espectacular lugar de vacaciones en el que sólo se respetan las reglas impuestas por Enoch "Nucky" Thompson (Steve Buscemi). Basada en hechos reales, se inspira en la obra homónima de Nelson Johnson.


MANUAL DEL MILITANTE PASIVO


DEL FRENTE CENAS Y CAFÉS

Para todos aquellos que aceptan diariamente arriesgar la paz de una buena cena por la defensa de un modelo.


"Un rol importante del militante pasivo es el de predicar. Horadar la piedra del discurso hegemónico allí donde actúa, es decir en las personas. Generar vibraciones capaces de abrir una grieta por donde las gotas de agua terminen de resquebrajar la roca. Romper el espiral del silencio que nos hace sentir en minoría, casi en falta".

Así comienza el Manual del Militante Pasivo o MAKnual, genuino producto de nuestro inigualable Rinconte y del Maestro de Luz ElBosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón.

Después de infinitas cenas-debate, de varios años administrando La Radio MAK y de participar en centenas de discusiones en nuestro y otros espacios, se dieron cuenta que regularmente lamentaban no haber recordado tal o cual argumento, o no haber encontrado una forma más elaborada para decir lo que se dijo. Esto los llevó a pensar en pasar por escrito las ideas, como una ayuda-memoria, que a cierta edad es lo más parecido a tener un cerebro a mano. De esa idea inicial, aumentada por las expectativas y reducida por las posibilidades, surge este MAKnual.

Doy por sentado que por más bajas que mantengan las expectativas, nuestro manual logrará defraudarlos. Y para demostrarlo comienzo por contarles que decidí no subirlo completo a este blog, sino sólo el capítulo de Conceptos Políticos y alguna que otra yapa.

Si usted asume -al igual que mi tía Pirucha- un abrumador desconocimiento de la reglas básicas para entender la política, este libro de bolsillito le resultará simple y esclarecedor. Si por el contrario, usted cree -al igual que mi hermano gorila- saber tanto de política como sabe de fútbol, podrá indignarse a sus anchas con estas visiones disruptivas de lo que era una verdad universal para todos... menos para nosotros. En cualquier caso, esperamos su catarsis en los comentarios.

Virtud
Política O Moral
El Poder
Consenso Y Mayoría
Instituciones Y Democracia
ONG. Esa Agua Bendita
Beneficencia Y Política
Políticas A Largo Plazo
Honestismo
Intencionalismo
Cercanismo
Anecdotismo
Autoritarismo
Intolerancia
La Violencia Democrática
Corrupción Y Coimas
Crimen Y Clase
Flotación, Rumbo Y Ritmo
Discrecionalidad
Qué Debemos Pedirle A Un Político, Y Qué No
Retribución Justa
Clientelismo
Populismo Malsanamente Humano
¿Qué Deberíamos Esperar De Una Oposición Electoral?
El Imaginario
Visiones, Cínicas Y Candorosas
Opinión
Formación De Opinión
Opinión Certera
Diversidad
Amortiguación Democrática
Acción Directa
Prédica Y Lobby
Mercado Y Competencia Perfecta
Competencia Y Regulación
Hay Personas Y Personas
Licitación Social
Derechos En Pugna Y Convocatoria De Acreedores
Algunas Ideas Con Valoración Positiva Inmerecida

PALABRAS FINALES
REFERENCIA RÁPIDA

Como sé del descreimiento y escepticismo reinantes, asumo que algunos de ustedes aún no están convencidos de la verdadera existencia de nuestro MAKnual. Para estos hombres y mujeres de poca fe, les dejo un paso de comedia protagonizado por el #HiperRecontraChequeamosTodo Jorge Lanata y su joven padawan Nico Wiñazki, a estas alturas un amigo de la casa. Durante la emisión de este sketch en prime time recibimos la mayoría de los comentarios que se pueden leer más abajo, certificando el efecto sanador que produce el denunciador de la grieta, en los internos de la Fundación Alfredo Casero para las psiquis devastadas por el kirchnerismo.

Y si aún persisten en la intención de conseguir su copia autografiada por nuestro Maestro de Luz ElBosnio, pueden solicitarla mandando un mail aquí.





Virtud


El politólogo italiano Giovanni Sartori sostiene que hoy la amenaza a la democracia constitucional no proviene de un modelo alternativo mejor (como el comunismo o la monarquía) sino de cierta exigencia de “más democracia”, casi acusando de no democrático al modelo actual.
Aunque las exigencias a un modelo apreciado pueden generar progresos, también corremos el riesgo de terminar exigiendo atributos que el modelo no promete y ni siquiera busca. La virtud de sus representantes es uno de ellos.

La democracia constitucional no necesita de la virtud humana. Cree en ella pero no en su perennidad ni en la capacidad de detectarla.

Si la democracia constitucional se rigiera por el criterio de virtud, la Constitución se limitaría a indicar cómo se elige al ciudadano virtuoso para luego darle plenos poderes. En cambio, la Constitución supo procurarse de mecanismos de control y remoción, de balanceo de poderes, para delegar autoridad en plazos muy limitados y muchas veces no renovables.

¿Por qué tanto límite y control si se apostase a la virtud del elegido? La República tiene eso de mágico: un sistema escrito por humanos comunes para que humanos comunes gobiernen a humanos comunes.

La exigencia de virtud suele esconder una voluntad de descalificación al sistema de gobierno humano: a mayor exigencia de virtud, mayor descalificación. Por eso quienes la exigen entre los representantes democráticos tan mezquinamente humanos a veces encuentran virtud en dictadores criminales (no sólo poco virtuosos sino poco humanos).

Exigirles a nuestros representantes caracteres heroicos humanamente extraordinarios nos descalifica a nosotros como “electores”, por nuestra irreparable incapacidad de elegir héroes entre humanos. En otras palabras, debemos buscar ciudadanos –no héroes- dispuestos a representarnos y a comprometerse con el juego republicano.

Nada más, nada menos.

Otro ejemplo de exigencia exagerada se esconde en el planteo de que la democracia elige a los mejores gobernantes, el trillado “Gobierno de los Mejores”.

Nadie en sus cabales puede creer que un juego como el constitucional –con partidos, elecciones, internas, listas sábanas y almohadas, con instancias de expresión de algo tan volátil y caprichoso como la opinión de mayorías simples – puede garantizar la elección de “los mejores de nosotros para gobernar”.

En cualquier arte, elegir al mejor (si admitimos la idea que “el mejor” es algo elegible) requiere jurados especializados, discusiones acaloradas entre personas cuyas opiniones son consideradas especializadas o de mayor valor por el resto, mucho análisis y un sinnúmero de aspectos que la Constitución no busca implementar.

La república no es el gobierno de los mejores, no es el mejor gobierno, ni es el gobierno para el interés del pueblo. Es el gobierno por decisión del pueblo. Y la decisión del pueblo se expresa, según nuestra constitución, por la votación periódica. Podría expresarse por aclamación en una plaza y también sería una república democrática, pero la constitución lo indica de otra forma. La voluntad expresada en las urnas es considerada la decisión del soberano, una ficción como cualquier otra pero al estar escrita tiene fuerza de ley.

Nuestra República implementa así el gobierno de la voluntad de las mayorías. Ni el saber superior, ni los conocimientos de un grupo especializado, solo la opinión de las mayorías.

Se trata de algo más “mediocre” (nunca mejor utilizado este término que en una República): el gobierno de la opinión más frecuente. Por eso, la virtud máxima de la Constitución es crear mecanismos para sacarse de encima a los considerados pésimos por consenso.

La frase tan escuchada de “el pueblo no se equivoca” no significa que siempre elegimos lo mejor, que le acertamos a algo previamente definido. En realidad, se trata de una verdad tautológica: “el pueblo no se equivoca, porque su opinión define lo certero”.

En política democrática, la definición de “acierto” es hacer lo que dicta nuestra voluntad. Por lo tanto, cuando nos escuchemos pedir “la virtud al poder” o preguntar “¿éstos son lo mejor que tenemos?” deberíamos tomarnos la pastilla que nos devuelva al camino republicano.

Por último… Ante la contraposición entre ética o Ley, debemos tener claro que sólo la Ley tiene cabida en el análisis político. Puede sonar a poco, pero con la experiencia del mundo podemos sostener lo contrario: hacer cumplir la Ley es una utopía.

Si es un comportamiento prohibido, que lo diga la ley. Si es un comportamiento permitido pero reprochable, que lo digan las urnas cuando los electores hacen el balance total de una promesa o gestión.

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Política O Moral


Un error frecuente y fatal es confundir análisis político y moral.

En el campo moral uno aspira a un comportamiento que siga preceptos rígidos y rigurosos, sin medias tintas: quien cumple los mandamientos es un ser moral; quien no, es amoral.

Si en una república las personas se viesen obligadas a consensuar preceptos morales, la discusión adoptaría rápidamente el esquema de amigo-enemigo y escalaría a una jihad de exterminio porque la resolución de dos morales en conflicto sólo se logra con la eliminación del otro. De hecho, los principios morales no se negocian ni se acuerdan.

Por suerte, como en un consorcio de propiedad horizontal, en una nación las personas sólo se ven obligadas a consensuar decisiones relacionadas con la administración de la cosa pública. Por ejemplo, ¿qué construir?, ¿qué prohibir?, ¿qué incentivar?, etc. Este consenso se logra con la acción política.

En la acción política, todo es un tira y afloja. Todo se negocia. Se ofrecen quitas a los propios deseos y expectativas, a cambio de alguna concesión a favor.

La política funciona mucho mejor en manos de “comerciantes”, expertos del “toma y daca”, para quienes nada es “innegociable”, para quienes cualquier concesión es posible si a cambio obtienen algo de valor para sus representados. En cambio, no puede decirse lo mismo de los “hombres de moral superior” para quienes la política debiera ser la puesta en práctica de una larga lista de mandamientos irrenunciables, quienes prefieren morir antes que realizar alguna concesión (quien prefiere morir por algo está cerca de preferir matar por lo mismo).

Nadie posee una moral más férrea que un fedayín de Al Qaeda. Sus principios son inamovibles; no renuncia a ellos ante nada; ninguna evidencia o beneficio menor pueden distraerlo; no los vende ni por la valija de Antonini multiplicada por las veces que el diario La Nación la mencionó.

En política democrática ésos no son valores sino amenazas.

Por todo esto, cuando analizamos en términos políticos debemos preguntarnos “¿qué se hizo?”, “¿qué se obtuvo y en beneficio de quién?”, “¿a qué costo y quién lo paga?”, “¿qué opciones existían?”. De hecho, no importa saber si el actor político siente íntimamente lo que hizo, si quiere a quienes se benefician con sus acciones o si sólo busca su apoyo, si no haría lo contrario en otra circunstancia políticas...

Esas cuestiones no son políticas: son morales o a lo sumo psicológicas.

Un ejemplo algo extremo es la frase “roban pero hacen”, instalada por los medios como expresión de la actitud aberrante del populacho y la barbarie. El hecho es que, en política, esta frase es no sólo perfectamente aceptable sino virtuosa.

Yo puedo concluir que un grupo roba, pero lo apoyo porque hace mucho y porque no tengo mejores opciones. En política, ni el mismísimo “roban” descalifica per se a una gestión.

Por supuesto, esto no significa que robar sea un valor. Apenas significa que otros logros pueden superar en valoración positiva lo negativo de robar.

Probablemente si los logros disminuyesen o si los robos se transformasen en crímenes espantosos, terminaría en rechazo la ecuación que antes derivaba en apoyo. Sucedería lo mismo si apareciesen alternativas creíbles que permitieran esperar los mismos logros sin el robo. La política es el cálculo mezquino de interés ciudadano.

Aún el reclamo por la inclusión es de orden político, y no moral... Pido inclusión hoy porque creo que hace a un país mejor para mí y para las personas más cercanas.

Ahora bien, imaginemos una situación políticamente diferente. Imaginemos que mañana cien millones de chinos piden desembarcar en el puerto de Buenos Aires y exigen inclusión además del cumplimiento de nuestra Constitución con ellos. En ese caso, es probable que cambie mi posición sobre la inclusión, porque las circunstancias imaginadas también cambiarían la forma en que me impacta la inclusión.

Quien rechaza la inclusión no es menos moral que quien la defiende. Sólo no ha entendido de qué forma la inclusión lo beneficia, o ha entendido que no lo beneficia.

La descalificación moral suele provenir de quienes desaprueban las acciones políticas realizadas. Y por lo general son los medios los que exageran la inmoralidad de los hechos, para descalificar a un gobierno cuyas acciones les causan rechazo.

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Poder


Para juzgar cualquier situación política, inevitablemente debemos hacernos la siguiente pregunta básica: “¿quién creemos que tiene el poder en esta escena?”. De lo contrario, corremos el riesgo de hacer un análisis moral, no político.

Si observamos una persona que golpea a otra y no necesitamos formular ninguna pregunta, estaremos a punto de emitir un juicio moral, en sintonía con algún mandamiento del tipo “no golpearás”. En cambio, para emitir un juicio político serio, antes debemos preguntarnos: ¿quién golpea?, ¿por qué?, ¿qué logra con ese golpe?, ¿de los dos, quién tiene el poder?

Un negro salta sobre una bicicleta que le saca a un niño. Sale montado en ella a toda velocidad, tanto que casi pisa a una anciana. Detrás lo persigue un grupo de encapuchados blancos... La opinión política que nos formemos de esta escena dependerá de nuestra respuesta a las preguntas “¿aquí quién tiene el poder? ¿Quién hace qué? ¿Porqué lo hace?”

Un boy scout de 9 años y un skin head de 180kg de peso se cruzan puteadas y amenazas. Vuelan tortazos de un lado y de otro. Según quien creamos que tiene el poder, o como se comparte, nuestro diagnostico puede ir desde “un boy scout puteador recibe su merecido” o “juego de manos entre dos adolescentes” hasta “Masacre en un barrio porteño”. No importa quién creamos finalmente que tiene el poder o cuan compartido esté, importa que nos formulemos la pregunta antes de diagnosticar y crearnos una opinión política de la situación.

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