Nuestro Libre Albedrío

Me senté a ver otra película, otra más. Los rayos catódicos me provocan una adicción nociva… otra más. El subtitulado comenzó así: “Siempre creí que las cosas que uno no elige lo convierten en lo que es. La ciudad. El barrio. La familia. Aquí la gente siente orgullo por estas cosas. Como si fueran logros. Los cuerpos que recubren sus almas. Las ciudades que los envuelven”. De inmediato puse pausa y entendí que el precio por mi adicción ya estaba justificado con este mensaje.
Jean-Paul Sartre dijo: “el hombre nace libre, responsable y sin excusas”. Sin embargo, desde el día que llega al mundo y hasta que ejerce su libertad con la primer elección, a ese hombre se le ha dado una nacionalidad que lo ubicó en el mundo, un idioma para sólo entender parte de él, una familia que lo educó acorde a sus convicciones y credos, se le dio una raza que coloreó su piel, una clase social que condicionó su medio ambiente, se le dio una historia mucho antes que él elija ser parte de ella. Y entonces, en algún momento de su niñez, algún lazo sináptico se ilumina y él habrá tomado su primera decisión libre… libre?. Habrá elegido dentro de sus escasas opciones y sus muchos condicionamientos. Posiblemente habrá adoptado a su primer amigo, alguien parecido a él, con su mismo color de ojos o cabello, que va al mismo jardín de infantes, del mismo barrio donde vive su familia, una familia como la de él. Y así estableció el primer eslabón en su cadena de decisiones, eslabones que van condicionando su próxima decisión, decisiones que lo van convirtiendo en el hombre que es hoy, un hombre “libre”.

De ninguna manera mi pedantería llega a cuestionar la idea del amigo Sartre, no pretendo debatir sobre la libertad del hombre y mucho menos sus responsabilidades asociadas, sólo trato de ponerla en contexto, de ver cuán acotada es, entender lo estrecho del margen que nos permite torcer nuestro destino mediante el uso del libre albedrío.

Después de sumar innumerables eslabones, ese hombre se convirtió en un adulto inmerso en la cultura de la sociedad donde participa. Sigue eligiendo a sus amigos, que muy posiblemente sigan teniendo su color de piel, su clase social, sus mismas costumbres. Junto a ellos cambia ideas, conocimientos y experiencias, adoptará posiciones políticas e ideológicas.

Nuestro hombre se considera preparado para ejercer su libertad y tomar sus elecciones, se considera informado. Sin embargo Pascual Serrano afirmó: “Actualmente, el 80 por ciento de las noticias que circulan por el mundo proceden de cuatro agencias internacionales: Associated Press, United Press International, Reuters y Agence France Presse. Esas agencias son las que establecen el orden del día”. Este es un logro que debemos reconocer al neoliberalismo de la posguerra. Claro que ninguna de ellas se distinguió por incluir en esa agenda la visión del mundo árabe o comunista, las realidades de África o Latinoamérica. Obviamente esas agencias de noticias (que nos cuentan lo que pasa en el mundo), tienen una ideología y sus propios intereses, algo absolutamente normal e irreprochable. Y en el plano local el correlato es igualmente lógico tanto en concentración como en doctrinas, lo absurdo sería lo contrario, que una agencia de noticias neoliberal difunda la información en Argentina a través de medios socialistas.

Nuestro hombre arrastra esa pesada cadena de decisiones con escaso grado de libertad que lo trajeron hasta hoy, y ahora se informa con ese escaso grado de diversidad que estrecha aun más el margen de su libertad, pero aun así la oportunidad de cortar la cadena está ahí. Nuestro hombre (igual que vos) puede dejarse llevar plácidamente por la corriente de opinión dominante y pronunciar lo que alguien más ya pensó por él en alguna redacción, o puede aferrarse a ese minúsculo margen que le permite ejercer su libertad en mayúsculas (como hacía el General Francisco Serrano de Eduardo Galeano) y cuestionarse si ese mundo que le cuentan los diarios, para él está al revés.


"Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él". [Jean-Paul Sartre]

El libre albedrío que nos deja Internet, por Eli Pariser en la conferencia TED

Sergio Marino

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