El médico alemán (Wakolda) [****] El gaucho Mengele jugando con muñecas

Lucía Puenzo gusta de dirigir sus propios guiones, y al igual que en XXY [***] y en El niño pez [**] logra que sus producciones trasciendan las fronteras. Wakolda es una coproducción Argentina-Francia-España-Noruega y se nota, como se nota una evolución de Puenzo respecto a sus anteriores productos. Siempre enredados en los traumas adolescentes y las controversias del cuerpo humano.

La historia está bien contada, prolija, pero lo más importante es que –a diferencia de las anteriores– es relevante y más a los ojos de los argentinos que gustan de entender nuestra historia reciente, los años 60’. Algunos personajes como el de Àlex Brendemühl, Natalia Oreiro y Florencia Bado (que merece una mención especial), se desarrollan intensamente y los hace lucir, otros se quedan a medias restando tensión argumentativa. Quizás no llegue a ser una gran película por el temor de no jugarse a serlo.

Sube un escalón con el paisaje del Nahuel Huapi, otro con esfuerzo de rodar la mitad del texto en alemán (poroto para la Oreiro), y uno más con la gélida interpretación de Brendemühl componiendo un Josef Mengele hipnótico. Pero a pesar de tanta escalera, sólo llega a estar Buena [****]

TÍTULO ORIGINAL: Wakolda
AÑO: 2013
DURACIÓN: 90 min.
PAÍS: Argentina
DIRECTOR: Lucía Puenzo
GUIÓN: Lucía Puenzo
MÚSICA: Andrés Goldstein, Daniel Tarrab
FOTOGRAFÍA: Nicolás Puenzo
REPARTO: Àlex Brendemühl, Natalia Oreiro, Diego Peretti, Elena Roger, Guillermo Pfening, Ana Pauls, Florencia Bado, Alan Daicz, Abril Braunstein, Juani Martínez
PRODUCTORA: Coproducción Argentina-Francia-España-Noruega; Historias Cinematograficas Cinemania / Dreamer Joint Venture Filmproduction / Hummelfilm / Pyramide Productions / Wanda Films
GÉNERO: Thriller. Drama | Nazismo.
SINOPSIS: En el verano de 1960, un médico alemán (Alex Brendemühl) conoce a una familia argentina en la región más desolada de la Patagonia, y se suma a ellos, en caravana, por la ruta del desierto. El viajero no es otro que Josef Mengele, uno de los criminales más grandes de la historia. Esta familia revive en él todas las obsesiones relacionadas con la pureza y la perfección. En especial Lilith, una adolescente con un cuerpo demasiado pequeño para su edad. La fascinación es mutua: en pleno despertar sexual, Lilith siente una inquietante atracción por ese forastero. Desconociendo la verdadera identidad del alemán, al llegar a Bariloche, Enzo (Diego Peretti) y Eva (Natalia Oreiro) lo aceptan como primer huésped de la hostería que poseen, a orillas del lago Nahuel Huapi. Aunque el extraño personaje les genera a los anfitriones cierto recelo, progresivamente se verán seducidos por sus modos, su distinción, su saber científico y sus ofertas de dinero.
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El Golem - Jorge Luis Borges




Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen).

 El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga".
Y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
 pero, a través del tiempo, lo adivino).

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'

'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

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