Mi hijo ya cumplió 9 años, la balanza se inclina y quizás hemos mandado la última cartita a Papá Noel, posiblemente el año próximo estaremos negociando los regalos cara a cara, sin fantasías navideñas de por medio, sin esa mirada ilusionada con ver el trineo… triste no?, eso pensé hoy. También pensé de qué forma contárselo, lo más indoloro, y entonces me imaginé en su lugar mientras alguien enooorme me sentaba en su rodilla y me decía, sabías que…

La Navidad


El nacimiento de Jesús está lleno de misterio. Los cristianos de las Iglesias Ortodoxas celebran la Navidad (latín: nativitas, “nacimiento”) el 6 y el 7 de enero, y la Iglesia Armenia el 18 y 19 del mismo mes, sin embargo los arbolitos plagados de regalos serán comunes a todos los festejos. La realidad es que no tenemos certeza del año en que nació Cristo, y menos aun sobre la fecha.

Según los Evangelios tuvo lugar durante el reinado de Herodes el Grande y previo a un censo romano, pero no hubo censo en el primer año de la era cristiana ni existe mención durante todo ese reinado. La incertidumbre aumenta al sustituirse en el año 325 el calendario Juliano, utilizado en el Imperio Romano, por el Gregoriano, que es el que usamos actualmente. Allí el monje Dionisus Exiggus tomó erróneamente la fecha del nacimiento llevándola cinco años antes de lo que se creía. Ah… y te mencionaba la fecha, tampoco fue el 25 de diciembre, ni durante enero, lo más probable es que haya sido en primavera u otoño. El 25 de diciembre fue definido como “La Navidad” por el Papa Liberio en el año 345, por influencia de los Santos Juan Crisóstomo y Gregorio de Naciaceno, después de más de 3 siglos sin fecha para brindar. Sobre los motivos rezan varias historias, dicen que pretendían sustituir muchas festividades de origen pagano, algunos mencionan las Saturnales, celebradas por los romanos en honor de Saturno. También opinan que la fiesta a reemplazar era el solsticio de invierno, cuando los días empezaban a alargarse. Y otros motivan la elección en la fecha de nacimiento del dios Mitra, uno de los más importantes de la Mitología Zoroastriana.

Papá Noel


Y en tren (o debiera decir en trineo) de desmitificar, se debe mencionar que la verdadera historia del simpático anciano de cachetes regordetes y rosados, barba blanca y la no desapercibida vestimenta roja se remonta varios siglos atrás. Cuenta la historia que Nicolás era un religioso que nació en el año 270 en Pátara, a orillas del Mediterráneo (hoy Turquía), y dejó este mundo en Myra el 6 de diciembre del año 342. Según dicen fue encarcelado por el emperador de turno hasta que llegó el famoso Constantino y lo liberó para que continúe con su vida de generosidad, cosa que hizo hasta que la muerte lo alcanzó y la Iglesia Católica lo hizo santo y lo llamó San Nicolás.
En 1087 sus restos fueron llevados a Bari, Italia, y por eso también se lo conoce como Nicolás de Bari. Sus diferentes nombres merecen un párrafo aparte. En Holanda ya existía un viejo mito de un mago que hacía regalos a los niños buenos y castigaba a los malos, entonces se fusionó el mito con la realidad y le dieron el nombre de Sinterklass que no es más que San Nicolás en Holandés. En 1626 un barco holandés llegó con su estatua en la proa, para luego hacerle una efigie en tierra firme, pero a los nativos neoyorquinos les costaba pronunciar el nombre. Así, el viejo Sinterklass se transformó en Santa Claus, en Indiana. Ahora sólo le faltaba una fecha para que el viejo Santa obrara, y fue la Navidad, entonces también se lo empezó a conocer como Papá Navidad o Father Crhistmas y así se lo sigue llamando hoy en día en el país del norte. Y como las historias viajan muy rápido estos nuevos nombres volvieron al viejo continente y llegaron hasta Francia y allí tradujeron Papá Navidad a Père Nöel, nombre que no tardó mucho en bajar un poco hasta España donde lo volvieron a traducir pero a medias para que quede el definitivo: Papá Noel.
Su vestimenta oro, rubí o roja de San Nicolás, obedece a que es un ser de la provisión, la paz y el misticismo, y por eso lleva su bolsa en el hombro cargada de regalos.
Si bien es cierto que su figura actual es una creación literaria de 1822, ocurrida en la ciudad de Nueva York por Clement Clark Moor, y gráficamente por Thomas Nast, para un periódico llamado Harper’s Weekly, hace rato que es popular. Su consagración ocurrió en 1930, de la mano de Haddon Sundblom, un artista que trabajaba para la Coca-Cola, quien lo popularizó comercialmente.
Con el tiempo, se fueron ampliando las fantasías de sus creyentes, creándose los mitos del Polo Norte, un trineo mágico volador, tirado por «renos navideños», liderados por Rodolfo (Rudolph); un reno que ilumina el camino con su nariz roja y brillante, siendo el último en agregarse a la historia.

Árbol de Navidad


Hoy cenaremos iluminados por el reflejo del árbol navideño, abonadas sus raíces con coloridos paquetes, decorado paradójicamente con un gusto “rococó”, y coronado con la estrella de Belén. Pero esta joven tradición, que apareció en Alemania a comienzos del año 1600 y en el resto de Europa promediando el Siglo XIX, fue una adopción cristiana a la celebración del nacimiento de Frey, dios de la lluvia, el sol y la fertilidad, por una simple coincidencia de fechas. Para los antiguos habitantes del norte de Europa, este árbol perenne simbolizaba al árbol del Universo (Yggdrasil), en cuya copa se hallaba la morada de los dioses (Asgard), a sus pies el palacio de Odín (Valhalla), y en las raíces más profundas estaba el reino de los muertos (Helheim). En la cruel traducción de los simbolismos, el árbol perenne encarnó el amor a Dios y fue decorado con manzanas rojas que aludían al pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban de la luz de Cristo. El tiempo se ocupó de transformar las manzanas en esferas y las velas en guirnaldas.

De todas formas, el saber todo esto lejos está de atentar contra nuestras ganas de celebrar; en la fecha que elijas y por el motivo que desees el famoso espíritu navideño este mes se apodera de todos nosotros, creyentes o no, y nos obliga a buscar un buen motivo para levantar una copa y brindar, invocando los mejores augurios para la gente que realmente importa, hay verdaderamente pocos momentos para esto.

Pero… le cuento todo esto a Adam?, o sólo le digo en qué paquete está la Play Station?

Sergio Marino

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