9 de enero de 2010

Dónde me pongo?

En otra vida supe tener un bar, gran experiencia, interminable proveedor de anécdotas, enseñanzas, amigos, mujeres… o sea, menos plata me dio de todo. Por ubicarse en la Recoleta era muy visitado por importados (extranjeros) y eso me permitió ver algunas diferencias de nuestro comportamiento social, sólo curiosidades.

Nuestro Sentido Perimetral


Lo crucial es el comienzo de la noche, nuestra primera mesa. El bar está vacío y silencioso, todas sus mesas ordenadas y vestidas como en un desfile. La primera pareja de argentos asoma por la puerta tomados de la mano, más precisamente los dedos, se detiene en el umbral y se inclina hacia delante como pretendiendo olfatear algo, mira hacia el interior del salón fingiendo que busca a alguien pero al confirmarlo desierto murmuran –está vacío, ¿qué hacemos?– y decide que es buen momento para dar una vuelta y regresar en un rato. Atrás arriba un grupo de extranjeros, ya de lejos se los nota que son más ruidosos, traspasan el umbral sin identificar que eso es un límite, tenían decidido ir a mi bar y no perciben motivo para vacilar. Eligen una mesa céntrica del salón, iluminada y se dispondrán a continuar la charla que los trajo sin apreciar que son los únicos allí. La pareja local entrará después, y la segunda y la tercera, todas buscarán una “mesita junto a la pared”, optarán por las ubicaciones perimetrales y menos iluminadas, aunque la ventana no ofrezca una vista en especial. Los argentinos elegimos "protegernos" en el perímetro del salón, hablamos un poco más bajo y discretamente… quién sabrá por qué lo hacemos.

Nuestro Sentido Medio


Una vez relajados y entre amigos, mostramos un perfil que confronta con el Sentido Perimetral, cuando los argentinos nos definimos por el Medio. Hay dos clases de personas, las que creen que todo lo pueden catalogar en dos clases y las que no. Pero siguiendo la corriente a los etiquetadores, en la sociedad podemos elegir un clásico, la “lucha de clases”. Bien, aunque les parezca raro en la Argentina eso no existe, ni podrá existir ya que la mayoría prefiere autodefinirse como clase media, incluso crearán unas sub-clases para los border, la clase media-baja y media-alta cosa que nadie termine etiquetado como pobre o rico. Una familia que gane más de $7000 mensuales está dentro del 1% de los mejor remunerados del país, pero seguirán pensando que son de clase "media acomodada”. Entonces quién defenderá los intereses de los pobres?, o de los ricos?, qué importa si no tenemos.

Y coherentes con esta predilección por el Medio, vamos a elegir o definir con la misma cobardía nuestra ideología política (sí, dije ideología no se asuste, la creyeron muerta pero fue un error de tipeo involuntario en la redacción de un multimedios). Entonces diremos que somos de centro derecha o centro izquierda, un poquito más acá o más allá, pero nunca nos saldremos del centro por miedo a que nos apunten con el dedo. Inventaremos creativos eufemismos para definir la ideología de un partido político, y no reconocer jamás que es de derecha… sin ánimo de ofender.

Este gatopardismo político es sólo funcional a nuestros dirigentes y partidos sin ética, que intentan seducir con posiciones indefinidas o complacientes según la ocasión. Con múltiples caretas nos estafan como votantes, usando las encuestas de opinión como fuente para sus declaraciones políticas, sin recurrir nunca a las “convicciones” que sólo verán la luz cuando tengan el poder.
Usemos la nueva Ley de Partidos Políticos para exigir a los candidatos que se identifiquen ideológicamente, quién levanta las banderas del progresismo, socialismo o las del nacionalismo, capitalismo, liberalismo, etcétera. Propongamos que quienes tienen ideales debatan sus ideas, y no dejemos que el marketing oportunista ocupe el espacio con slogans vacios de significado y compromiso.

Y antes de exigir que se remueva la paja del ojo ajeno, sería muy bueno que nos definamos nosotros mismos. Como decía Matías mirando a cámara: Vos… ¿de qué lado estás?

Sergio Marino

1 comentarios:

Sergio
Muy buena vision de la triste realidad que nos ocurre, antes de escribir un comentario pense si lo hacia medio convencido o no, y cuando me decidi a escribirlo, tuve que decidir si lo escribia medio comprometido o no, cuando lo estaba escribiendo me surgio la necesidad de definirme. Definitivamente estoy de acuerdo contigo, las cosas deben ser blancas o negras, que se quiebre pero que no se doble, las escalas de grises o los dobleces hacen que los resultados sean mediocres (justo al medio, que ironia).

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