La visión capitalista más liberal le reconoce al “mercado” algunos beneficios en la asignación de recursos. El “mercado” sería la “mano” más apta para decidir dónde invertir los recursos con el fin de maximizar los beneficios de toda la sociedad. Pero en esta visión, cuando se habla de mercado se trata del “mercado de competencia perfecta”, no de cualquier mercado.

En este mercado ideal, ningún jugador influye en los precios, ni impone su producto sobre el de sus competidores. Al contrario, cualquiera puede entrar libremente al sector y retirarse sin enfrentar los costos exigidos por ese sector. Además, todos los actores poseen la misma información.

Aunque la perfección en el mercado es una utopía a la que solo podemos tender pero nunca alcanzar, ningún verdadero liberal se animaría a afirmar que una sociedad estaría mejor intervenida por monopolios privados que por el Estado. A lo sumo, ambas situaciones le resultarán indeseables, estalinistas.

Los sectores conservadores argentinos no son inocentes cuando invisibilizan las exigencias de “competencia perfecta” y se limitan a hablar de “mercado”. Su intención es apoderarse de las teorías que defienden al mercado competitivo para aplicarlas a un mercado fuertemente controlado por grandes corporaciones privadas. Así, en nuestro país las tensiones no se dan entre el Estado y la competencia sino entre el Estado y las corporaciones.

No hay liberales en Argentina. Hay conservadores.

De hecho, la famosa frase “los liberales argentinos son liberales en lo económico y conservadores en lo político” es un corrimiento benévolo de la realidad. Quienes en la Argentina se autodenominan “liberales” al estilo López Murphy son conservadores en lo económico y reaccionarios en lo político: apoyan todo lo que limite la intervención del Estado, pero nunca levantaron la voz o un dedo para limitar las posiciones dominantes de mercado y los acuerdos de precios. Tampoco hicieron ningún esfuerzo por regular la economía que es la base de un mercado competitivo. En lo económico sostienen un status quo, donde los grandes capitales no vean sus posiciones amenazadas, donde la aparición de nuevos desafiantes no sea estimulada, eso es conservador. Y en lo político han defendido todas las acciones que retrocedieron la frontera de los derechos ciudadanos, han apoyado quitas de derechos en casi cualquier frente, eso es reaccionario para cualquier liberal.

Los libero-conservadores argentinos defienden las libertades de las personas jurídicas con la misma capa y espada con la que someten las de las personas físicas.

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