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¿Quién vigilará a los vigilantes?

El martes pasado partió una delegación encabezada por nuestro Maestro de Luz hacia la Unidad Básica, Amado Querido en Ezeiza. Fuimos de la partida el Joven Amor, Ari Lijalad, Edgardo Mocca, Tono el pequeño Bosñito y quien les habla.

Fue una de esas experiencias intransferibles, con sensaciones mezcladas. Una rara ocasión donde el medidor de lo emocional y lo intelectual toca picos simultáneos, en una charla que deseas no se termine nunca.

Como fue una experiencia indescriptible, por definición no seguiré intentando lo imposible, pero les cuento que me volví pensando en la famosa frase que se le adjudica a las Sátiras de Juvenal: “¿Quién vigilará a los vigilantes?”.

Esencialmente el problema fue planteado por Platón en la República, su obra sobre el gobierno y la moral. La sociedad perfecta, tal como la describe Sócrates. Donde “la clase guardiana” está para proteger a la ciudad.
Pero el cuestionamiento que Sócrates presenta es «¿quién guardará a los guardianes?», o «¿quién nos protegerá de los protectores?».
La respuesta de Platón es que ellos se cuidarán a sí mismos. Él sostiene que debemos decirles una “mentirita piadosa” a los guardianes, y hacerles creer que son mejores que nosotros. Por lo tanto, es su responsabilidad vigilar y proteger a los inferiores. Que debemos inculcarles una aversión por el poder o los privilegios, y ellos gobernarán porque creen que es justo que así sea, y no por ambición.

Con el diario del lunes podríamos decirle muchas cosas al naif de Platón, pero ya no creo que le importen. A quien sí le importó fue al Barón de Montesquieu, quien se inspiró en los tratadistas clásicos de la Antigüedad cuando acuñó su teoría sobre la división de poderes. Argumentando que: “todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder”.

En nuestra democracia representativa los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial del Estado son ejercidos por órganos del gobierno distintos, autónomos e independientes entre sí. Y justamente estas características les permiten controlarse unos a otros.
Cuando un poder incurre en esos abusos que menciona Montesquieu, son los otros poderes quienes intervienen y le muestran sus límites. Así nacen los vetos del Poder Ejecutivo, los juicios políticos del Poder Legislativo, o las declaraciones de inconstitucionalidad del Poder Judicial, entre las formas de limitar o corregir las desviaciones. O sea, si cada poder no se corrige a sí mismo, se espera que los otros poderes lo hagan.

Cuando volvíamos del pabellón para Presos Políticos que tienen en Ezeiza pensaba: está claro que el Poder Judicial es partícipe necesario del lawfare que nos llevó a esta situación vergonzante para todo argentino. Si el Poder Legislativo o el Ejecutivo no intervienen y corrigen esta desviación, no tenemos una verdadera división de poderes, y por lo tanto tampoco una democracia plena.


Instituciones, República y coso...

Algo que hemos aprendido sobradamente, es la capacidad de asombro ilimitada que nos regaló y sigue regalando el Gobierno de Mauricio Macri. Una capacidad que se sigue extendiendo hasta nuestros días.

Y si no, cuenten qué les provoca este segmento de Rolando Graña emitido el 5 de junio de 2020 en su programa de América.

Esta "santa trinidad"conformada entre los servicios de inteligencia, los medios de comunicación dependientes del Poder Real y gran parte del Poder Judicial, nos enseña que aquel largo brazo de la ley que antaño perseguí a los criminales, hoy llega hasta tu celular, tus redes sociales y vaya uno a saber cuántas cosas más.

Sergio Marino

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