Consenso Y Mayoría


Probablemente quienes no logran conformar mayorías hayan contribuido a sobrevalorar el consenso en la Argentina.

La República expresa claramente los porcentajes necesarios para imponer una norma o un gobernante. En ningún caso exige un consenso, y agradecemos que así sea.

Por otro lado, no es potestad de un diputado decidir si una ley se aprueba con la mayoría simple o no. El diputado cuyo proyecto fue aprobado por el 51% de la Cámara no sólo puede darlo por aprobado sino que debe darlo por aprobarlo, por el acuerdo establecido con sus representados.

Si este mismo diputado desistiese de aprobar su proyecto y decidiera eliminar algunos puntos valorados por sus representados con el fin de conseguir el apoyo del 100%, estaría estafando a su electorado. La obligación del diputado es hacer respetar el apoyo expresado al proyecto según las estrictas cláusulas constitucionales.

Cualquier concesión hecha en pos de lograr consenso es una estafa a las mayorías a quienes la constitución no obligaba a hacerlas.

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Vikings [*****]<br />Reverencias para Ragnar y pasión por Lagertha

Bajar la Serie Sería inútil ocultar mi debilidad por Vikings. Es una de mis series preferidas, por sus escenarios, por la acción descarnada, sus historias mitológicas, las luchas de poder… en fin, una joyita.

En la primer temporada nos pinta las tradiciones, la religión y encanto vikingo. En la segunda nos muestra al gran conquistador Ragnar Lothbrok invadiendo Inglaterra y acercándose al cristianismo. Mientras que en la tercera asedia y conquista París, esperando al 18 de febrero que comienza la cuarta. Una gran pieza de la historia que no siempre es contada, quizás los vikingos necesiten un agente de prensa.

La serie es una creación del inglés Michael Hirst, el mismo que en 2007 nos trajera The Tudors y en 2011 Camelot. Es una coproducción entre Irlanda y Canadá que prestigia la pantalla de History Channel. El protagonista por excelencia es el australiano Travis Fimmel (The Beast, Restraint), logrando una soberbia composición de Ragnar. Rollo, su hermano invencible, es encarnado por Clive Standen (Hammer of the Gods, Everest). Otra lograda creación es Floki, en la piel del sueco Gustaf Skarsgård (Vi, Patrik 1,5). Pero cuando llegue el final, todos estaremos enamorados de Lagertha, interpretada por la hermosa canadiense Katheryn Winnick (Choose, Amusement).

A pesar del empeño que tienen muchos críticos por compararla con Game of Thrones, yo creo que hay sólo algunos pocos puntos en común. Para quienes hayan quedados prendados de esta serie les recomiendo The Last Kingdom, una serie inglesa que cuenta la historia de la invasión, pero con los ojos del Reino Unido. Para mí es Muy Buena [*****].

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TÍTULO ORIGINAL: Vikings
AÑO: 2013
DURACIÓN: 44 min.
PAÍS: Irlanda
DIRECTOR: Michael Hirst (Creator), Ciaran Donnelly, Johan Renck, Ken Girotti
GUIÓN: Michael Hirst
FOTOGRAFÍA: John S. Bartley
REPARTO: Travis Fimmel, Clive Standen, Katheryn Winnick, Gabriel Byrne, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgård, George Blagden, Tadhg Murphy, Diarmaid Murtagh, David Pearse, Vladimir Kulich, Donal Logue, Alyssa Sutherland, Thorbjørn Harr, Linus Roache, John Kavanagh, Alexander Ludwig, Gaia Weiss, Philip O'Sullivan, Ivan Kaye, Moe Dunford, Amy Bailey, Angus MacInnes
PRODUCTORA: Coproducción Irlanda-Canadá; Irish Film Board / Take 5 Productions / World 2000 Entertainment
GÉNERO: Serie de TV. Acción. Drama. Bélico | Histórico. Vikingos. Edad Media.
SINOPSIS: Narra las aventuras del héroe Ragnar Lothbrok, de sus hermanos vikingos y su familia, cuando él se subleva para convertirse en el rey de las tribus vikingas. Además de ser un guerrero valiente, Ragnar encarna las tradiciones nórdicas de la devoción a los dioses. Según la leyenda era descendiente directo de Odín, el dios de la guerra.


Instituciones Y Democracia

¿De qué hablamos cuando pedimos más instituciones?

La Constitución menciona pocas instituciones: el Poder Ejecutivo, el Congreso y los Tribunales. Administrada a través de estas tres Instituciones Constitucionales, la cosa pública no necesita de otras instituciones si nos atenemos a la Carta Magna y al funcionamiento de la toma de decisiones en democracia.

Sin embargo, existen muchas otras instituciones: la Iglesia, el colegio público de abogados de Pergamino, el colegio público de contadores de Azul, el Automóvil Club Argentino, la Academia de Letras, el club La Estrella de Maldonado y miles de etcéteras. Muy a menudo, estas Instituciones No Constitucionales (que no significa que sean Anti Constitucionales) no representan ni a sus miembros, ya que sus autoridades no son elegidas de manera transparente o medianamente democrática.

Aunque carecen de representación en términos del manejo de la cosa pública, estas instituciones opinan sobre las acciones políticas de nuestros gobernantes, se inmiscuyen, sugieren, dictan y además encuentran mucho eco favorable entre quienes influyen en la opinión pública. De hecho, los medios y la oposición no electoral (ésa que tanto acecha) hacen mucho hincapié en la necesidad de que el gobierno respete a las instituciones: que las escuche, siga sus sugerencias, no las ningunee.

Ahora bien, ¿por qué debería hacerlo? ¿Qué parte de la Constitución sostiene que las instituciones por fuera de las republicanas deben participar, aunque sea mínimamente, en la elaboración de acciones de gobierno?

Seguro, un gobierno con mayor participación de las instituciones tiene más estabilidad, porque estas instituciones representan sectores de poder real con fuerza para apoyar y para oponerse (pensemos en la Iglesia, la UIA, la Sociedad Rural, el servicio diplomático de las potencias extranjeras). Además, un gobierno abierto a la participación de estas instituciones tendrá planes a más largo plazo, porque los intereses de los sectores representados por estas instituciones son más durables, sin los vaivenes, pasiones y cambios de humor de la voluntad popular.

La inclusión de las “Instituciones no Constitucionales” alimenta los ideales de estabilidad, previsibilidad, políticas a largo plazo. En cambio no guarda relación con la voluntad popular (y aquí aparece el verdadero origen de la insistencia en estos valores tan apreciados). En este sentido, notemos que una monarquía (más aún, una monarquía eclesiástica) ofrece previsibilidad, estabilidad y políticas a largo plazo, justamente por no ser democrática.

Los sectores que rugen por mayor institucionalidad no mencionan la tensión entre participación institucional y participación popular. De hecho, no es casual que estos sectores sean aquéllos adversos a las elecciones.

Si un sector sin poder electoral controla algunas instituciones prestigiosas o, mejor aún, es quien entrega el sello IVESS de prestigio a las instituciones, es comprensible que grite “instituciones prestigiosas al poder”. Es lo mismo pero más simpático que gritar “ciudadanos, fuera del poder”.

Las únicas instituciones republicanas son el Ejecutivo, el Congreso, los Tribunales. En política, el resto posee el rango de lobbista con más o menos prestigio, pero lobbista al fin.

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ONG. Esa Agua Bendita

En un país donde lo político está posicionado como popó de perro y todo político es tratado como un chorro, sorprende que mencionar una ONG o anunciar que uno trabaja en una ONG dé chapa de honesto, útil, desinteresado, solidario entre muchas otras virtudes. Así, jóvenes que se niegan a trabajar por un sueldo para el Estado ladrón aceptan hacerlo gratis para ONGs cuyas autoridades no son elegidas bajo ningún proceso electoral transparente o de ningún tipo.

Pensemos por ejemplo en la Iglesia católica cuyas cuentas no son auditadas más que por sus integrantes, y donde la ausencia de competencia interna por el mando (en contraste con la política) anula o minimiza cualquier posibilidad de denuncias internas. Evidentemente, las ONGs lo tienen todo para ser deshonestas, salvo la honestidad intrínseca de sus dirigentes.

En general, las ONGs reciben apoyo, no del Estado, sino más bien de grandes empresas (sus mayores aportantes) que influyen en la designación de autoridades por un criterio de empatía. Dada esta realidad, no debe sorprender que Milagro Salas nunca haya recibido ayuda de Movistar o Artear, mientras que el Padre Grassi se llenó de donaciones a nombre de personas y empresas con capacidad de ahorro.

Dirán que la Tupac Amaru no pasó la auditoría contable, psicológica, de análisis, de blablablá. La pregunta es: ¿Caritas, el Padre Grassi, Monseñor Plaza, Greenpeace, sí?

Apartar al estado de la asistencia a las ONGs es evitar el imperio del “aporte caprichoso” por parte de un equipo de gobierno elegido por todos para gobernar la Nación por cuatro años, para terminar imponiendo el imperio del “aporte caprichoso” de otro tipo de autoridades elegidas sólo por el tamaño de las empresas que conducen.

Si viven de los aportes de grandes corporaciones y fortunas personales, ¿por qué esperar que las ONGs se ocupen de otros intereses?

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Beneficencia Y Política

Lo primero que debería hacer quien quiera asistir a sus conciudadanos en necesidad es pagar todos sus impuestos. Si ya lo hace debería entonces ahorrarse ese honorario extra que le paga a su contador para encontrar los vericuetos legales impositivos que le alivian su declaración anual. No sólo porque los impuestos suelen ser sumas mucho mayores que las que cualquiera entregaría voluntariamente a la beneficencia, sino porque el Estado es un gran vehículo de ayuda a nuestro prójimo.
Son muchas las escuelas que el Estado no construyó y son muchos los hospitales que el Estado no sostiene como debiera. Pero prácticamente todas las escuelas y los hospitales que si existen han sido construidos y son mantenidos por el Estado. En especial en aquellos lugares donde la necesidad florece sin la sombra de nuestra mirada o donde la miseria no es suficientemente cruel para atraer las cámaras de televisión. El Estado es la máquina más importante de igualdad y de atención a los más necesitados del país y por otro lado la más fiscalizada y controlada.

Pero quizás la diferencia más trascendente sea que el Estado pone el énfasis en la construcción de derechos. Quien recibe sus bienes y servicios los recibe mereciéndolos, se los ha ganado de puro derecho. La beneficencia, en cambio, pone el énfasis en la falta de quien recibe y la sobra del que da. Quien recibe beneficencia, recibe por voluntad de quien entrega. La recibe sin merecerla. El paquete de arroz de ambos puede ser de la misma marca pero el sabor simbólico es sustancialmente diferente.

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Políticas A Largo Plazo

Un sinnúmero de veces escuchamos hablar de la ausencia de políticas a largo plazo (PLP), y de todo lo que el Gobierno debería hacer para garantizarlas. Analicemos un poco el exagerado mérito de las PLP y la falacia detrás del cómo crearlas.

Si la ciudadanía juzgase que una política mantenida por décadas es mala, ¿sus representantes electos deberían mantenerla por ser una PLP? ¿Deberíamos entonces haber seguido con la Convertibilidad, probablemente una de las PLP más estables de los últimos años, o con la, a esa altura, decagenaria Ley de Punto Final?

Más preguntas... ¿Deberíamos reservarnos el derecho de implementar una política que la ciudadanía considera positiva, pero que no es una PLP preexistente? Si fuera posible, ¿debería una generación de ciudadanos impedir que las generaciones siguientes modifiquen toda PLP? ¿Deberíamos obligarnos a obtener consenso absoluto en el Congreso antes de imponer una ley, para aumentar las chances de mantenerlas en el tiempo? (cabe señalar que esto nos forzaría a cambiar la Constitución y a despedirnos de casi todas las leyes sin consenso absoluto)

¿Aumentan sus chances de mantenerse a largo plazo una política aprobada por muchos sectores, mucho más allá de la exigencia del 50%? Creemos que no.

Muchas leyes que se cambiaron, como las de amnistía y convertibilidad, fueron aprobadas por los partidos mayoritarios de entonces. ¿Y además quién nos asegura que los mayoritarios de hoy sean los mayoritarios de mañana?

En una república, las acciones políticas son siempre de corto plazo. Los gobiernos deben interrumpir cualquier iniciativa si esta es la voluntad popular. Un ciudadano puede pensar a largo plazo para emitir su opinión de hoy, pero es su opinión de hoy la que los políticos deben implementar. Si ésta cambia, la política también debe cambiar (de lo contrario, nos encontraríamos con un gobierno con amortiguación antidemocrática).

Si una política se mantiene vigente en el deseo de la ciudadanía al cabo de varios períodos, nos encontraremos ante una PLP. Que conste, esta es una característica ex-post: resulta una política de largo plazo, no porque haya sido votada por muchos o aceptada por impresentables, incluso por Duhalde, sino porque pasan los años y las opiniones sucesivas del electorado no desean interrumpirla o modificarla. De aquí en más, esta PLP es otra política temporal, cuya vigencia dependerá de la votación ciudadana de cada día.

¿Son buenas las PLP? Sin dudas, mantener un mismo criterio agrega valores positivos como la previsibilidad o el desarrollo completo de los frutos de una política. Pero esta sólo debe permanecer vigente mientras la ciudadanía siga considerándola positiva. En otras palabras, la condición de largo plazo no es razón suficiente para mantener una política que la opinión popular haya dejado de apoyar.

¿Qué se dice cuando se habla de PLP? En general, es una idea con valoración positiva, a mano de cualquiera que se resiste a cambiar algo que se intenta cambiar. Las políticas son buenas o malas según sus resultados, no por su extensión en el tiempo. De hecho, las calamidades distan de transformarse en bendiciones por el solo hecho de hacerlas perdurar en el tiempo.

Nuestros hábitos son un buen ejemplo... Los hábitos son buenos, cuando se los tiene, pero nadie repetiría la visita a un mal bar sólo por crear un hábito. ¿Por qué exigimos otra cosa a escala ciudadana?

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Mr. Robot [*****]<br />Un club para que peleen los hackers

Bajar la Serie Una serie con gusto de varias otras películas, que componen un sabor único. La receta cuenta con un protagonista genio en informática, algunos polvos mágicos de esos que se aspiran, una personalidad de héroe justiciero casi de comic, un mundo hermético con grandes asimetrías sociales y algunos (por no decir varios) trastornos mentales… mezclamos, revolvemos y obtenemos una prometedora serie bautizada como Mr. Robot.

Todo nace con los guiones de Sam Esmail, que como único antecedente aportaba los textos y dirección en Comet un año atrás. Crean un piloto increíble dirigido por el danés Niels Arden Oplev (Millennium, Kapgang, Dead Man Down) y le venden una temporada a la cadena USA Network (que ya confirmó la segunda a estrenarse el 22 de junio).

En el elenco debo mencionar a Christian Slater (Assassins Run, Hollow Man II, My Own Worst Enemy) que compone a Mr. Robot, pero todas las palmas son para Rami Malek (The Master, Short Term 12The Pacific) que parece haber nacido para este papel. Es decir, son dos grandes actores o la empresa de casting se ganó un bonus (me juego por lo segundo).

Mr. Robot comienza así: “Lo que estoy a punto de decirte es sumamente clasificado, una conspiración más grande que todos nosotros. Existe un grupo poderoso de gente allá afuera que secretamente gobierna el mundo. Hablo de aquellos que nadie conoce, los tipos invisibles. El uno por ciento en la cima del uno por ciento, los tipos que juegan a ser Dios sin permiso. Y ahora creo que me están siguiendo”. Terminada la primer temporada, esperamos el estreno de la segunda para el 22 de junio, la serie es Muy Buena [*****].

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TÍTULO ORIGINAL: Mr. Robot
AÑO: 2015
DURACIÓN: 60 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Niels Arden Oplev
GUIÓN: Sam Esmail
FOTOGRAFÍA: Tim Ives
REPARTO: Rami Malek, Christian Slater, Michael Gill, Gloria Reuben, Gabriel Hansen, Justin Morck, Leetopher Scott, Jeremy Holm, Bruce Altman, Michael Buscemi, Carly Chaikin, Samrat Chakrabarti, Portia Doubleday, Maurizio Ferrigno, Martin Wallström
PRODUCTORA: Emitida por la cadena USA Network; Universal Cable Productions
GÉNERO: Drama | Crimen. Internet / Informática
SINOPSIS: Elliot Anderson es un joven con problemas para las relaciones sociales que durante el día trabaja como técnico de seguridad de una importante empresa informática y por la noche es un desinteresado justiciero cibernético, que se verá envuelto en una oscura trama.


Honestismo



Escuchamos por primera vez este concepto en boca de Martín Caparrós. Para este periodista y escritor, el honestismo es la práctica de limitar el análisis político a la honestidad de las personas que actúan en política (y, agregamos nosotros, entendiendo honestidad como sinónimo de “no coimear”).

Según los honestistas, basta con encontrar políticos que no coimeen para garantizar un buen gobierno. No coimear se presenta entonces como argumento suficiente para ser votado, para explicar porqué el político A decidió unirse a B.

Bajo esta visión, no existen diferencias políticas, de rumbo, de prioridades, de intereses entre personas “honestas”. Las personas “no coimeras” verían los mismos problemas en el país y propondrían las mismas soluciones.

Esta mirada en apariencia inocente no sólo es muy limitada en su capacidad de crear un equipo con cohesión y con capacidad de resolución, sino que lleva a la conclusión de que es deshonesto todo aquél que no considera los mismos problemas o no propone las mismas soluciones que el grupo de los honestos. Así, el honestismo es uno de los tantos conceptos o creencias que empujan la política al campo de la moral, con todos los riesgos que esto implica.

Siempre nos preguntamos si, a punto de entrar a un quirófano para un triple bypass y con derecho a elegir un solo cirujano, los honestistas pedirán por aquél que no engañe en los costos de gasas y no reciba AnaAna del clínico que lo derivó, o por el contrario se regirán por el “roban pero hacen” y pedirán por el profesional que más hace, con más éxitos quirúrgicos en su haber.

¿Por qué pretender que actúe de otro modo quien espera muchos servicios públicos esenciales, aún más que un triple bypass?

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Intencionalismo

Este concepto se refiere a la práctica de reflexionar sobre las “verdaderas intenciones” de los actores políticos. El analista se erige así en conocedor de la psiquis del actor político, y critica o apoya las acciones políticas desde este conocimiento oculto e incontrastable.

El intencionalismo comete un doble error. El primero, de orden casi biológico: creer que la intención es escrutable, que alguien puede conocerla. El segundo, quizás más grave: considerar que la intención tiene alguna importancia política.

¿Alguien cambiaría la opinión política sobre Cavallo si descubriera, por algún tipo de hipnosis, que la intención profunda del ex ministro de Economía fue la de incluir a la mayor cantidad de argentinos y la de garantizarles una vida digna y equitativa? ¿Tiene eso alguna importancia política?

Sí la tiene en términos morales o religiosos o psicológicos, pero en política sólo los hechos tienen importancia. Importa qué se hace en el plano de la realidad física o del imaginario, y a lo sumo qué se intentó hacer y no salió, pero la íntima motivación o intención no tiene el más mínimo interés.

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Cercanismo

El cercanismo le atribuye pertinencia analítica al simple dato de cercanía. En otras palabras, considera que, para analizar la política, importa tener un testimonio directo del asunto en cuestión. Así, para comprender el complejo proceso de la Perestroika, lo mejor es hablar con el peluquero de Gorbachov.

Este concepto esconde un primer error de tipo casi mecánico: creer que Gorbachov le diría todo lo que piensa a su peluquero, que el peluquero le diría todo lo que sabe al periodista entrevistador, y que no habría diferencias entre lo que Gorbachov dijo y lo que su peluquero recuerda haber escuchado.

No es menor todo este problema, tan humano, de “teléfono descompuesto”.

En segundo lugar, el cercanismo supone una falacia intelectual más profunda: la de creer que Gorbachov es quien más “comprendía” el proceso político de la Perestroika, por ser uno de sus actores principales... Quizás lo comprendiera, pero por ser además un gran analista, un reflexivo.

De hecho, un actor principal puede no comprender lo que está ocurriendo. Y en cambio sí puede comprenderlo perfectamente un analista encerrado en un sótano a diez mil kilómetros de distancia.

Meses antes de ir a la quiebra, muchos presidentes de empresa dan por sentado que la compañía se salva, e incluso apuestan su propio dinero a ello. Claramente son quienes más “conocen” la empresa, quienes más “datos de alcoba” poseen, pero no quienes mejor la “comprenden”.

La información es útil para la comprensión; nadie podría sostener lo contrario. Sólo que no es sinónimo de comprensión.

Porque suele tener el monopolio de la información, además del permiso de entrada a la alcoba de los políticos (o al menos, eso nos hace creer), el periodismo instala el cercanismo para erigirse en dueño de las “únicas herramientas de comprensión”. Así, Joaquín Morales Solá basa sus análisis políticos en conversaciones mantenidas en secreto en un baño de la Casa Rosada o en un pensamiento que habría tenido determinado político en completa soledad.

Morales Solá nos deja siempre con la intriga de cómo accedió a ese pensamiento.

Raymond Aron, un politólogo y economista francés que habría previsto la caída del régimen soviético desde su escritorio de la Sorbona, solía argumentar que sólo se necesitaba la información pública y mucho análisis para comprender un proceso político complejo.

La información de alcoba aturde, es imposible de verificar o refutar, y además hace creer que las notas basadas en ella son análisis político.

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Anecdotismo

El anecdotismo o anecdoidiotismo es construir todo un análisis político a partir de una anécdota. Es proyectar un hecho intrascendente como definición de la esencia de un proceso político complejo, sin necesitar pruebas adicionales.

El nieto de D’ Elía robándole un chupetín a un compañerito de la escuela definiría así el carácter usurpador de cualquier proceso político que D’ Elía apoye.

El anecdotismo o anecdoidiotismo suele aplicarse cuando un caso de coima o una sospecha posta-posta de coima (no hay diferencia para Luís Majul y tantos otros) sirve para concluir que el proceso político es esencialmente un proceso de coima. Esa coima (o sospecha de coima) deja de ser un hecho entre otros para convertirse en esencia misma del proceso político: todos hacen todo por y para esa coima.

En un mar de acontecimientos basta con tomar uno cualquiera para obtener la síntesis del mar. Así, Hitler con un niño judío en brazos mostraría que el nazismo es un proceso profundamente protector de la infancia, en especial de la infancia de los judíos.

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Qué Nos P.A.S.O.?<br />[otra vez]

¿Por qué estamos sorprendidos del resultado en las elecciones del domingo?

¿Nos sorprende que después de una década criando cuervos, ya existan tantos como para hacer peligrar a nuestros ojos? No, si bien no era una consecuencia deseable o esperable, era previsible. Los ciclos económico/sociales son una marca registrada en la historia argentina.
¿Nos sorprende que al perder la posibilidad de postular a nuestra líder política, la gente se disperse entre otras opciones? No, claramente era una alternativa del votante cuando no pudo elegir la mejor candidata.


Lo que nos sorprende -perdón, me sorprende- es el cambio ocurrido entre la gran encuesta nacional llevada a cabo el 9 de agosto (P.A.S.O.) y las Elecciones Generales del 25 de octubre. A esa diferencia me quiero referir, excluyendo a las encuestadoras, las operaciones políticas y las estimaciones voluntariosas. Esto es sólo matemática simple entre votos introducidos en una urna. En 11 semanas un 1,81% del padrón electoral a nivel país dejó de elegir a Scioli para ocupar la presidencia, un 2,56% del padrón electoral de la Provincia de Buenos Aires dejó de elegir al Gobernador que los condujo durante 8 años y habían votado días atrás.

Aritmética Municipal

Veamos la extraña variación aritmética que da sumar 1 + 1 en diferentes municipios bonaerenses. Me interesa especialmente analizar el voto de quien eligió al FpV para gobernar Buenos Aires en las PASO y su “movimiento” en los últimos días.


  • Varios municipios que en las PASO estaban perdidos para el FpV, se pudieron revertir en el voto a Gobernador. Por ejemplo: Daireaux, General Alvarado, General Paz, Hipólito Yrigoyen, Mercedes, Navarro, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, 25 de Mayo y Villarino. Son 10 de los 135 municipios, y no justamente los más poblados.
  • En otros municipios donde el FpV había ganado las PASO ajustadamente con la suma de Julián Domínguez y Aníbal Fernández, esa victoria se convirtió en derrota este domingo por el crecimiento de Vidal. No podría decir que en estos casos hubo una migración de votos del FpV hacia Cambiemos, sino mayormente desde UNA. Por ejemplo: Lezama, Lincoln y General Arenales.


De los 135 municipios, en 19 la marea naranja había ganado en las PASO y los perdió extrañamente después de 11 semanas. Veamos primero lo sucedido en las cunas de los candidatos.


  • En Chacabuco -dominios de Julián Domínguez- se había obtenido el 48.83% en las PASO (sumando los 40.80% de Domínguez y los 8.03% de Fernández), con 16 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 3.40 puntos, Vidal subió 14.6%, 4.85 puntos de Domínguez fueron a Cambiemos y el resto fue contribución de Solá.
  • En Quilmes -dominios de Aníbal Fernández- se había obtenido el 44.95% en las PASO (sumando los 21.74% de Domínguez y los 23.21% de Fernández), con más de 18 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 12 puntos, Vidal subió 17.9%, 12.6 de los cuales eran de Domínguez.
  • En Morón -dominios de Martín Sabbatella- se había obtenido el 34.16% en las PASO (sumando los 9.75% de Domínguez y los 24.41% de Fernández), con un punto y medio por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 10.5 puntos, Vidal subió 10%, 2 de los cuales eran nuestros.


Ahora veamos el comportamiento de los municipios restantes. Nótese el porcentaje obtenido por el FpV inicialmente y cómo se migraron los votos.


  • En Lanús [Darío Díaz Pérez] se había obtenido el 38.09% en las PASO (sumando los 15.05% de Domínguez y los 23.04% de Fernández), con más de 7 puntos y medio por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 1.43 puntos, bajando 2 puntos que fueron entregados a Vidal, quien subió 7.
    Podríamos sospechar de un fenómeno local, algo sucedido en esa zona de la provincia que produjo este fenómeno (efecto inundación o similar), pero Lanús está entre Lomas de Zamora y Avellaneda, separadas apenas por una avenida. En la primera el FpV había obtenido el 46.98% en las PASO (sumando los 20.66% de Domínguez y los 26.32% de Fernández) y el domingo pasado ratificó que en ese municipio 1 + 1 es 2 ganando con el 47.53%. En la segunda -Avellaneda- el FpV había obtenido el 40.64% en las PASO (sumando los 16.69% de Domínguez y los 23.95% de Fernández) y el domingo pasado también ganó con el 47.15%, subiendo un 6.5% en esas 11 semanas.
  • En Pilar [Humberto Zúccaro] se había obtenido el 44.54% en las PASO (sumando los 21.65% de Domínguez y los 22.89% de Fernández), con más de 13 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 10.8 puntos, bajando 8.77% que integró parte del 15.3% que subió Vidal.
    Nuevamente, Pilar es vecina de Escobar, donde el FpV había obtenido el 40% en las PASO (sumando los 18.68% de Domínguez y los 21.34% de Fernández), confirmando esa adición el domingo cuando ganó con el 39.89%. Incluso en Luján, vecina en la otra margen, donde se habían obtenido 32.74 puntos en las PASO, se crecieron unos decimales en las últimas elecciones.
  • En Tres de Febrero [Hugo Curto] se había obtenido el 34.53% en las PASO (sumando los 15.52% de Domínguez y los 19.01% de Fernández), con casi 5 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 13 puntos, bajando un 4% al igual que UNA, mientras que Vidal subió 13.74%.
    Su municipio vecino es General San Martín, donde el FpV había obtenido el 38.86% en las PASO (sumando los 17.53% de Domínguez y los 21.33% de Fernández), aseguró el triunfo con el 39.81% el domingo.
  • En San Vicente [Daniel Di Sabatino] se había obtenido el 42.35% en las PASO (sumando los 18.16% de Domínguez y los 24.19% de Fernández), con más de 17 puntos por arriba de Cambiemos se ganaba el municipio. El domingo se perdió por 2 puntos, mientras el FpV bajaba 8% Vidal subía 11.14%.
    Su vecino Brandsen, donde el FpV había obtenido el 39.69% en las PASO (sumando los 21.51% de Domínguez y los 18.18% de Fernández), triunfó con el 41.15% el domingo aumentando un punto y medio desde las PASO.


Tomemos distancia de la Capital mientras hacemos el mismo análisis.


  • En Arrecifes se había obtenido el 41.28% en las PASO (sumando los 22.10% de Domínguez y los 19.18% de Fernández), con medio punto por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 10 puntos, bajando 3.85 puntos cuando Vidal subió 6.49.
  • En Baradero se había obtenido el 40.29% en las PASO (sumando los 16.43% de Domínguez y los 23.86% de Fernández), con 10 puntos por arriba de Cambiemos se ganaba el municipio. El domingo se perdió por 2 puntos, el FpV conservó los votos, pero Vidal subió un 12.08%, mayormente de UNA.
  • En Berisso se había obtenido el 41.17% en las PASO (sumando los 22.76% de Domínguez y los 18.41% de Fernández), con más de 15 puntos por arriba de Cambiemos se ganaba el municipio. El domingo se perdió por 1.20 puntos, bajaban 5.67% mientras Vidal subía 11.10%.
  • En Bragado se había obtenido el 46.50% en las PASO (sumando los 29.05% de Domínguez y los 17.45% de Fernández), con 4 puntos por arriba de Cambiemos se ganaba el municipio. El domingo se perdió por 5.86 puntos, el FpV conservó sus votos, pero Vidal subió un 10.44% aportados por Solá.
  • En Carmen de Areco se había obtenido el 47.00% en las PASO (sumando los 27.05% de Domínguez y los 19.95% de Fernández), con más de 11 puntos por arriba de Cambiemos se ganaba el municipio. El domingo se perdió por 12.42 puntos, el Frente para la Victoria bajó 24.25%, prácticamente todos los votos de Julián Domínguez.
  • En Florentino Ameghino se había obtenido el 47.48% en las PASO (sumando los 41.76% de Domínguez y los 5.72% de Fernández), con más de 5 puntos por arriba de Cambiemos se ganaba el municipio. El domingo se perdió por 2.14 puntos, si bien el FpV conservó los votos, Vidal subió 8.36% provenientes de Solá.
  • En General Rodríguez se había obtenido el 37.66% en las PASO (sumando los 18.96% de Domínguez y los 18.70% de Fernández), con más de 9 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 3 puntos, los votos de Domínguez se perdieron en un 7.16%, dándole un 5.24% a Vidal y el resto a Solá.
  • En General Viamonte se había obtenido el 43.79% en las PASO (sumando los 26.22% de Domínguez y los 17.57% de Fernández), con más de 6 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 9 puntos, Vidal subió 11.31%, de los cuales 4.54 eran del FpV.
  • En Las Flores se había obtenido el 45.09% en las PASO (sumando los 23.70% de Domínguez y los 21.39% de Fernández), con más de 12 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 7 puntos, bajaron 8% en 11 semanas mientras Vidal subía 11.75%.
  • En Mar Chiquita se había obtenido el 40.29% en las PASO (sumando los 21.35% de Domínguez y los 18.94% de Fernández), con más de 3 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 3.80 puntos, el FpV se aferró a sus votos pero Vidal subió 10.89%, todos de UNA.
  • En Patagones se había obtenido el 41.62% en las PASO (sumando los 24.66% de Domínguez y los 16.96% de Fernández), con más de 9 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo se perdió por 10.4 puntos, bajaron 2.3% y Vidal subió 17.56%.
  • En Zárate se había obtenido el 42.26% en las PASO (sumando los 19.69% de Domínguez y los 22.57% de Fernández), con casi 15 puntos por arriba de Cambiemos el FpV ganaba el municipio. El domingo empatamos quedando unas décimas por debajo, el Frente para la Victoria perdió 21.8 puntos, no llegando a conservar los votos de Aníbal Fernández en las PASO.


Para ir cerrando, miremos donde el Frente para la Victoria perdió votos que tenía en las PASO, más allá de cambiar el resultado de ese municipio.


  • En La Matanza, el domingo pasado se perdieron 4.9 puntos desde las PASO. En La Plata 5.3, en Almirante Brown 5.6, en Marcos Paz 6.6, en Cañuelas 6.64, en Tandil 7 y podríamos seguir con varios más.
  • En San Fernando, Julián Domínguez había sumado 12.67 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 7.42 de ellos.
  • En Junín, Julián Domínguez había sumado 13.35 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 7.82 de ellos.
  • En Trenque Lauquén, Julián Domínguez había sumado 15.17 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 12 de ellos.
  • En Rojas, Julián Domínguez había sumado 12.82 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 12.30 de ellos.
  • En General Lavalle, Julián Domínguez había sumado 14.51 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 13.08 de ellos.
  • En Pinamar, Julián Domínguez había sumado 15.17 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 15.26 de ellos, o sea, todos.
  • En Coronel Rosales, Julián Domínguez había sumado 11.78 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 15.36 de ellos, o sea, ningún votante de Domínguez votó a Aníbal Fernández, e incluso más.
  • En Florencio Varela, Julián Domínguez había sumado 24.30 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 16.16 de ellos.
  • En Tres Arroyos, Julián Domínguez había sumado 17.49 puntos al FpV en las PASO. El domingo pasado se perdieron 18.42 de ellos, o sea, ningún votante de Domínguez votó a Aníbal Fernández, e incluso más.

Las conclusiones se las dejo al lector, yo sólo aporto las cuentas.

Este análisis no intenta sumar leña en la hoguera de una caza de brujas, sino aportar alertas para enfrentar mejor preparados una elección de ballotage inminente.

Las personas que votaron candidatos del Frente para la Victoria en agosto pueden cambiar de idea en octubre, seguro que sí, cuesta entender que de un lado de la avenida más vecinos sean seducidos por el candidato del FpV y del otro lado se pasen a engrosar masivamente los cómputos de su adversario.
Los motivos de la sorpresa que mencionaba en la pregunta original seguramente son varios, pero estos números son difíciles de explicar por causas naturales, es inocultable la mano del hombre.

Le tengo más miedo al frío de los corazones de los compañeros que se olvidan de donde vinieron, que al de los oligarcas
[Evita]

Sergio Marino

Autoritarismo

La crítica a políticos o funcionarios por autoritarios rara vez apunta al ejercicio excesivo en la autoridad que la República les concede (única autoridad a la que los ciudadanos debemos someternos). En cambio sí suele centrarse en actitudes individuales que se juzgan como autoritarias: levantar la voz, emplear malas palabras, burlarse de otro político, hacer esperar a alguien citado, cambiarle la cita sin aviso suficiente. En otras palabras, se reprocha una conducta con “modales autoritarios", “una forma de vestir autoritaria", “una retórica autoritaria”. Son todos casos de individuos autoritarios que, en realidad, no generan autoritarismo.

El autoritarismo remite al ejercicio autoritario del poder público, al uso “autoritario” de los poderes extraordinarios que la República les confiere a unos pocos elegidos. En política, son autoritarios quienes dictan leyes autoritarias, edictos autoritarios, y quienes ejecutan planes de gobierno autoritarios que someterán a los ciudadanos.

Los ciudadanos no estamos obligados a mirar la ropa de la Presidenta, ni a escuchar sus discursos, ni a seguir la retórica de los funcionarios, ni a escuchar los gritos e insultos de los diputados. Mucho menos estamos obligados a copiar sus modales. Los ciudadanos sólo estamos obligados a someternos a sus leyes, decretos, políticas. Y son estas acciones las que crean autoritarismo... o no.

Todos tenemos derecho a tener malos modales, a putear y a hablar a los gritos. No por eso transformaremos la Argentina en una dictadura. Mientras nuestros políticos en actividad no implementen acciones de gobierno autoritarias, simplemente seremos una sociedad libre con ciudadanos mal educados, como tantas sociedades envidiables del mundo.

No diferenciar esto puede llevarnos a preferir a un prolijo Videla por encima de un gritón malhumorado como Raúl Alfonsín.

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Intolerancia

No debemos permitir la confusión entre ser intolerante con las ideas y ser intolerante con las personas. En una sociedad democrática, no tolerar las ideas del otro significa refutarlas, discutirlas, objetarlas, no acordar con ellas ni después de largos debates. Incluso considerarlas inaceptables e indignas de ser pensadas.

Todo esto es una intolerancia democrática, que no daña a nadie salvo a aquél cuyo ego le exija la aceptación de sus ideas por parte de todos los demás.

En cambio, la intolerancia no democrática es aquélla dirigida, no a las ideas, sino a las personas. Aquella que lleva a prohibir la expresión y defensa de ciertas ideas, la libre circulación de los autores o difusores de estas ideas. Aquélla que finalmente ordena la muerte o encarcelamiento de estas personas. Esta es la intolerancia intolerable.

Esta confusión iguala a un político que le grita a otro “sos un energúmeno; tipos con tus ideas deberían estar encerrados en un manicomio” con aquel funcionario que efectivamente encierra a una persona en un manicomio por sus ideas. Iguala al automovilista que le grita al otro “te voy a matar” con aquel que efectivamente lo mata.

Es no diferenciar entre la civilización algo sanguínea y la barbarie sanguinaria.

Intolerancia política es emplear el poder conferido para impedir hacer una crítica. Responderle de mal modo al autor de una crítica despiadada puede ser grosería, pero no intolerancia política.

Adjetivar con el mismo tono ambas situaciones es, en el mejor de los casos, un simple artificio político para criminalizar al gritón de turno. Pero nos lleva a naturalizar las acciones aberrantes al asemejarlas a las cotidianas.

La “intolerancia política” también es relativa según el poder real del sujeto. No indica un estado de intolerancia política si un grupo reducido de adolescentes anuncia su intención de rechazar todos los recursos de alzada de quienes tengan piel oscura. Sí, en cambio, habría intolerancia política si el mismo anuncio fuera realizado por jueces de una cámara.

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Bates Motel [****]<br />Visitá el psicótico hotel de Norma

Bajar la Serie Todos vimos (o estamos obligados a ver) Psicosis, la obra maestra de Alfred Hitchcock en 1960. Aquí el director primerizo Anthony Cipriano nos propone una precuela, para conocer íntimamente la relación entre Norma y su hijo Norman, reconstruyendo para este al Bates Motel según los planos del set originales. Cipriano se pone una vara muy alta, pero la supera cómodo.

La trama no escapa al thriller tradicional, no está mal pero no vería la serie por su guión, en cambio sí la veo porque logra ese clima de permanente tensión, que rompió tantas butacas de cine mientras mirabas a Hitchcock.

Lo mejor de todo es la actuación de la hipnotizante Vera Farmiga (The Judge, Henry's Crime, Higher Ground) y el perturbado londinense Freddie Highmore (The Art of Getting By, Toast, The Spiderwick Chronicles) conformando una pareja estelar de lujo. Ella nominada al Emmy por mejor actriz en serie dramática en 2013 y ambos nominados como mejores actores en el Satellite Awards de ese año.

Curiosidad, un personaje encantador es el de Emma Decody (encarnada por Olivia Cooke), una joven que sufre fibrosis quística, una enfermedad que afecta principalmente a los pulmones. La razón por la que se incluyó este tema, es que Bill Balas, uno de los principales guionistas, sufrió fibrosis quística y en su juventud debió recibir un doble transplante de pulmón. Bill decidió concientizar a la gente sobre esta grave enfermedad.

La cuarta temporada comienza el 07 de marzo, si te gusta la intriga y el suspenso prendete en esta Buena serie [****]

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TÍTULO ORIGINAL: Bates Motel
AÑO: 2013
DURACIÓN: 48 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Anthony Cipriano (Creator), Tucker Gates
GUIÓN: Anthony Cipriano, Kerry Ehrin (Personajes: Robert Bloch)
MÚSICA: Chris Bacon
FOTOGRAFÍA: John S. Bartley, Tom Yatsko
REPARTO: Freddie Highmore, Vera Farmiga, Max Thieriot, Olivia Cooke, Nicola Peltz, Nestor Carbonell, Mike Vogel, Keegan Connor Tracy, Jenna Romanin, Brittney Wilson, Paloma Kwiatkowski
PRODUCTORA: Emitida por la cadena A&E; Universal Television / The Wolper Organization
GÉNERO: Serie de TV. Intriga. Thriller | Precuela
SINOPSIS: Precuela contemporánea de la película Psicosis, que nos hace un retrato íntimo de cómo se desarrolla la psique de Norman Bates durante sus años de adolescencia. Los fans descubrirán su historia de trasfondo oscuro y retorcido. Conocerán de primera mano cuán profundamente intrincada es la relación con su madre, Norma, y cómo ello ayudó a forjar a uno de los asesinos en serie más famoso de todos los tiempos.


La Violencia Democrática

A tono con los puntos anteriores, la acusación de violentos está siempre a flor de piel. Violento es el político que le grita a otro en una entrevista televisiva. Violenta es Caamaño cuando le pega a Kunkel en el recinto parlamentario. Violento es el patotero de la banda de Pedraza que mata a Cristian... Como en otras ocasiones, la crítica padece de una limitación en los adjetivos y entonces aplica los mismos y más extremos, para describir cualquier situación, sin ninguna jerarquización.

El juego de la República busca evitar el conflicto violento entre ciudadanos tratando de resolver los intereses contrapuestos que existen en la sociedad. El progreso sería enorme si el juego republicano consiguiera que, en vez de matarnos todos contra todos, sólo se mataran algunos representantes elegidos. Las muertes se reducirían de millones a decenas, y las decenas entre profesionales preparados para la lucha y para morir por ella como un ejército profesional. ¿Quién se atrevería a negar que esto solo ya sería un verdadero progreso social?

Otro avance consistiría en lograr que los representantes no se maten, sino que dejen de combatir en caso de knock out. Y otro, aún mayor, que los representantes se limiten a discutir a los gritos y con malos modos los proyectos en debate.

La visión más crítica posible indica que en este estadio se encuentra la Argentina hoy. Esta realidad dista de resultar deplorable, cuando todavía estamos cerca de épocas donde, en defensa de sus intereses, un grupo mataba y desaparecía a miles por considerarlos “adversos”.

Con esto no pretendemos negar nuestra preferencia por los políticos que respetan los turnos para hablar, sin levantar la voz, sin miradas burlonas, sin chicanas. Pero tampoco admitimos el uso del adjetivo “violento” para calificar situaciones parecidas a las de un asado entre amigos que discuten de fútbol o política. ¿Por qué exigirles a nuestros representantes que debaten cuestiones importantes para sus representados, y para ellos mismos, una cortesía suiza que no les dedicamos a nuestros amigos?

¿O acaso esta es otra forma de desacreditar la política en la Argentina: tanto a los políticos como a quienes los eligen? ¿Por qué personas que juzgan violento el griterío parlamentario o el tortazo de Caamaño pueden explicar los vuelos de la muerte o la represión policial?

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Corrupción Y Coimas



La corrupción es la gran denuncia contra la clase política. Parece la fuente de todos los males, y la única.

Lo curioso es que el poder y los medios de comunicación asocian y circunscriben la corrupción a la recepción de coimas o dádivas, cuando la definición de “corrupción pública” según el Banco Mundial remite a cualquier uso de poderes públicos para beneficio personal.

Hacer algo a cambio de un fajo de billetes es claramente corrupción, pero se trata del acto corrupto más básico. Es la corrupción de aquéllos sin poder, sin relaciones establecidas con confianza suficiente como para vender favores ha fiado, poder intercambiar otros compromisos de mayor envergadura en lugar de dinero contante y sonante.

Pero también es corrupción el diputado que no apoya una ley que la sabe deseada por sus representados, pero que lo enfrentaría con poderosos dispuestos a truncarle la carrera política. Es el caso de quien no apoya el aborto ni siquiera debatirlo en el recinto para no enemistarse con la Iglesia, o la ley de medios para no padecer el hostigamiento de las grandes empresas mediáticas.

También es corrupto el diputado que acepta la visita de lobbistas que luego ayudarán a financiar su campaña. Ya supone un privilegio corrupto el solo hecho de recibirlos, cuando no recibe a todos los ciudadanos: ni hablar de cuando además aprueba leyes favorables a estos intereses.

En el mundo de la corrupción pública, la coima es la práctica más rudimentaria, aquélla que se establece entre personas que no se tienen confianza y cuyo único intercambio pasa por unos pesos. En las mafias establecidas y que llevan generaciones, no hace falta ningún sobre, no sólo porque el dinero no entraría ni en un conteiner sino porque los involucrados saben que “hoy por ti, mañana por mí” es un pacto que se cumple, sin siquiera mencionarlo.

Tal diputado no menciona la prueba de ADN de dos hijos presuntamente apropiados, y da por descontado que será tratado bien. Nadie le da un sobre, nadie siquiera “verbaliza” este acuerdo.

Otro diputado sabe que, si habla a favor del aborto, el obispo comenzará a sembrar la duda entre los feligreses sobre sus negociados o sobre su incapacidad. Tampoco hicieron falta la amenaza verbal ni los sobres. Pero hay ahí un acto de corrupción, probablemente imposible de demostrar a nivel individual pero indudable cuando se analiza a nivel colectivo y en el tiempo.

El poder no nombra estas corrupciones, porque se beneficia con ellas. No quiere que los representantes populares se agachen por dinero, sino por conveniencia o temor. Porque dinero para coimear tienen muchos, la capacidad de atemorizar o seducir solo unos pocos.

Para nosotros, hay corrupción política cuando un representante elegido no trabaja para sus representados y lo hace por un interés privado sea un cheque o el favor de una institución. Por otra parte, la importancia de la corrupción no se mide en términos de sobre, sino en términos de daño causado a los representados.

Ejemplifiquemos esto con nuestro abogado defensor en una causa penal muy seria.

Coima sería que nuestro abogado nos pasase tickets de gastos inexistentes, algún almuerzo con una novia, declarado como de trabajo: nos roba algunos pesos, pocos o muchos. En cambio, nuestro letrado cometería corrupción política si manifestara empatía con el abogado de la contraparte porque aspira a pertenecer a su bufete, o si se guiara por un pensamiento ideológico que lo planta con cierta animosidad en nuestra contra. Esta corrupción puede costarnos la cárcel.

Nadie quiere que su abogado penalista le robe, pero la traición es mucho peor. La jerarquización del robo de tickets la instalan quienes se benefician con la traición de nuestros abogados.

La simple coima es una mala cosa dentro de la política, como dentro de cualquier organización. Sin dudas, es corrupción política porque de algún modo desvía el interés del representante del interés de los representados. ¿Qué coimero podría asegurar que habría hecho lo mismo sin una coima de por medio?

Dicho esto, cabe insistir en que la corrupción política es irreductible a la coima. De hecho, los mayores actos de corrupción política no se explican por coimas, sino por presiones ideológicas, por cooptación o por interés político personal. Y quizás los mayores actos de corrupción no sean hechos sino omisiones. El no hacer por temor o en busca de apreciación de otro que no sea el votante, es un acto de corrupción invisible.

La corrupción política se analiza en los hechos realizados y en su relación con el mandato popular. No hacen falta cámaras ocultas, ni micrófonos escondidos, ni detección de sobres. Basta con analizar los actos públicos.

Si el Congreso no aplica límites a la industria tabacalera, cuando no encontramos un solo amigo o vecino que desee eso, seguro es por algún acto de corrupción política. ¿Coima? ¿Presión? ¿Lobby? Qué importa. La corrupción radica en la acción u omisión política.

¿Fue coimero Martínez de Hoz cuando eliminó el impuesto a la herencia el año de su propia herencia? Seguro que no. ¿Quién le habría pagado? Sus hermanos, quizás, aunque también podría haber argumentado que le pareció una medida muy positiva para los argentinos. ¿Fue corrupto? No tenemos dudas.

¿Por qué no se trata la ley del aborto? ¿Por qué no se trató antes la ley de medios? Aunque se pierda o se gane, ¿por qué ningún grupo político con existencia real nunca llevó estas leyes al recinto? ¿Por qué los representantes no quieren aparecer votando en contra de sus representados, pero tampoco contra la Iglesia o Clarín?

Recordemos la conducta de Carrió en relación con la ley de matrimonio igualitario: reconoció que sus votantes apoyaban el proyecto pero anunció que no votaría a favor por su compromiso con la Iglesia (compromiso que nunca antes había explicitado como superior al mandato popular democrático, y cuya contradicción podría haber resuelto renunciando a su banca).

Esto es corrupción sin sobres. La más dañina. La más conveniente al verdadero poder.

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Crimen Y Clase

Hay un viejo adagio que acabamos de inventar que dice “Dime que crimen combates, y te diré a que clase social persigues”.

Así como no es inocente la jerarquía exagerada que le damos a la coima dentro del universo de la corrupción política, tampoco es inocente, ni natural, la jerarquía que tienen algunos crímenes en el ranking de los crímenes.

Tomemos como ejemplo el arrebato, delito que puede ser considerado un crimen o un raterismo dependiendo de cuan grave lo considere quien lo adjetivase. El arrebato es un crimen “popular”, un delito que solo cometen las clases populares, los pobres diablos, porque son crímenes poco redituables y muy perseguidos en relación al dinero que se obtiene. Nadie dudaría que, decidido a ir por el camino del crimen, es mucho más rentable y menos peligroso evadir en grandes exportaciones cerealeras, vaciar un banco con autopréstamos o esconderle alguna ganancia al fisco, que robar carteras en bares en Palermo, aun en los de Palermo Soho. Exagerar la reacción contra el arrebato, exagera la reacción contra la popular.

Los crímenes como evasión, cartel de precios, abuso de posición dominante, publicidad engañosa, vaciamiento de bancos, etc. no tienen el lugar, en la pelea por los adjetivos, que si logran el arrebato, la salidera, el motochorro y el apriete de los limpia vidrios. Se instala así una pirámide del crimen achatada, donde todos tienen la misma dimensión.

El vendedor de paco, quien probablemente sea un consumidor también cerrando el frecuente círculo de victimario-victima, tiene menos prensa que los banqueros que permiten cerrar el círculo del dinero, eslabón imprescindible para mantener la provisión de droga. ¿Quién es más importante para el dueño del cartel, un vendedor de paco que atiende en una cuadra o dos o el ejecutivo de un banco que le permite recircular los millones que recolecta? La pata bancaria no tiene peces chicos, no es algo que hace con miles de cajeros en cientos de bancos. Porque aún cuando se habla de blanqueo se habla de un delincuente marginal que tiene una casa por encima de sus posibilidades y no se menciona, con igual prejuicio y con tan poco fundamento, a un ejecutivo de bancos o financieras, completamente legal, prospero y prestigioso? ¿O alguien cree que una industria como la comercialización de drogas ilegales se estructura con marginales y vendedores ambulantes?

Tampoco en la descripción de crímenes tenemos que perder el control de los adjetivos. La adjetivación es el primer paso en la imposición de conceptos.

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Banshee [****]<br />Sexo y violencia, pero ojo, sexo y violencia de la buena!

Bajar la Serie Las banshees forman parte del folclore irlandés desde el siglo VIII. Son consideradas hadas, mensajeras del otro mundo. Este es el nombre que eligieron para la ciudad donde un ex presidiario usurpa la identidad del sheriff, se reencuentra con su ex novia, lo aloja un ex boxeador, lo ayuda un hacker coreano ex drag queen, lo amenaza un mafioso ex amish, lo asiste un policía ex nazi… y todos esos ex resignifican su vida en Banshee.

Sus creadores y guionistas (David Schickler y Jonathan Tropper) debutan con Banshee, pero el elenco es variopinto y abundante en personajes secundarios. Protagoniza el recio neozelandés Antony Starr (After The Waterfall, Wish You Were Here), acompañado por la hermosísima bosnia Ivana Milicevic (Mail Order Bride, Beneath the Blue) y el bombón californiano de Lili Simmons (Bone Tomahawk). El danés Ulrich Thomsen (Das letzte Schweigen, Den du frygter, Hitman) compone un gran personaje, pero los mejores aportes artísticos son del miembro del Mr. Miyagi's Theater Company of New York, Hoon Lee y el insuperable actor y productor Matthew Rauch (The Wolf of Wall Street, No Reservations, Labor Day), en una composición de Clay Burton para sacarse el moño.

Nadie quedará prendado de esta serie por sus diálogos, paisajes o efectos especiales, ni la verán en la entrega de los Emmy o los Globo de Oro. Pero si saben disfrutar de un argumento lineal de violencia explícita y sexo aún más explícito –pero cuidado, ojo… como dirían acá–, van a contar los días como lo hago yo hasta el primero de abril, cuando comienza la cuarta y última temporada.
En resumen, si te gustó Ray Donovan, te va a gustar esta Buena serie [****].

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TÍTULO ORIGINAL: Banshee
AÑO: 2013
DURACIÓN: 60 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: David Schickler (Creator), Jonathan Tropper (Creator), Greg Yaitanes, Ole Christian Madsen
GUIÓN: David Schickler, Jonathan Tropper
MÚSICA: Methodic Doubt
FOTOGRAFÍA: Christopher Faloona
REPARTO: Rus Blackwell, Hoon Lee, Matt Servitto, Demetrius Grosse, Trieste Kelly Dunn, Antony Starr, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Ryann Shane, Lili Simmons, Matthew Rauch, Ivana Milicevic, Ben Cross, Daniel Ross Owens, Bonnie Cole
PRODUCTORA: Your Face Goes Here Entertainment / Cinemax
GÉNERO: Serie de TV. Drama. Acción | Crimen
SINOPSIS: Un ladrón ex-convicto asume la identidad del sheriff de Banshee, PA, para continuar con sus actividades criminales, incluso cuando está siendo perseguido por los mafiosos que traicionó en el pasado.


Flotación, Rumbo Y Ritmo

Entre los objetivos primordiales de un gobierno figura la gobernabilidad, es decir, lo que en un barco seria garantizar su flotación. Fracasar en términos de gobernabilidad equivale a no poder administrar el Estado: en este caso, el gobierno no tiene nada, sin importar las metas trazadas ni lo bien que se les estaba acercando.

Seguido en orden de importancia, viene el proyecto de gobierno: el rumbo, la orientación que el capitán le da al barco. Si el rumbo es errado, no importa cuán rápido avance la embarcación ni la destreza de sus remeros, el barco estaría acercándose donde nadie quiere llegar. El rumbo es la estrategia de la política.

En tercer lugar, aunque con más prensa que los anteriores, está el “desempeño” o “eficiencia operativa”. Es el ritmo alcanzado gracias al esfuerzo de los remeros y a la sincronía con el tam-tam. Es el producto de la relación entre fuerza y velocidad en el desplazamiento y cuidado del rumbo.

En la Argentina de los últimos treinta años nadie puede afirmar que el barco no supo flotar, después de haber sorteado tormentas que hubiera hundido a otras embarcaciones. El ritmo tampoco parece malo cuando recordamos que en cuatro años se privatizaron todas las empresas de valor en manos del Estado, y que en tres se condenaron a los comandantes de las tres juntas del gobierno de facto para entre gallos y medianoche indultarlos. En principio, la velocidad no fue un problema.

A nuestro entender, el rumbo es el mayor problema en la política argentina. Ir hacia lugares donde no queremos ir.

Si logramos mantener el rumbo actual, aún a menor velocidad, los cambios seguirán siendo asombrosos (estamos convencidos de que hoy los cambios son asombrosos). No es que no pretendamos que los remeros se sincronicen o que se aumente la flotabilidad del barco pero, puestos a elegir (¿quién dice que debamos elegir?), no arriesgaríamos el rumbo por mejorar las otras dos responsabilidades.

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Discrecionalidad

La discrecionalidad del Poder Ejecutivo puede ser per se una mala palabra sólo para quienes el Estado es un enemigo o competidor.

Entre otras obligaciones, el PE debe presentar y aprobar un presupuesto anual, ser fiscalizado en todos sus actos, hacerles frente a una prensa y a una oposición interesadas en descubrir (cuando no inventar) chanchullos, aceptar que los delitos de sus funcionarios reciban penas mayores. Sin dudas, son muchas más restricciones que las que soporta cualquier grupo a cargo de una empresa (aún empresas más grandes que el Estado Argentino).

¿Por qué limitarle además la discrecionalidad? ¿Por qué exigirle que consulte cada acto con la prensa, con la gente, con los diputados de la oposición (aún con aquéllos cuyo peso electoral es insuficiente en términos de toma de decisiones ejecutivas?

Creemos que el objetivo de atarle las manos al Poder Ejecutivo consiste sencillamente en atarle las manos al Poder Ejecutivo. De hecho, limitar la discrecionalidad no evita los crímenes que se quiere evitar, porque por lo general estos son actos ilícitos (¿quién temería violar la discrecionalidad si ya decidió violar el Código Penal?). Sí, en cambio, busca limitar las acciones de un Estado que avanza.

Una asamblea de accionistas puede exigirle al gerente general mayor transparencia en sus actos, más reportes posteriores, pero difícilmente le exija que consulte cada decisión con la asamblea porque – lo saben – esto destrozaría la empresa de la cual dependen. Si eligen un gerente general es porque confían, primero, en su buen juicio y, segundo, en la pertinencia de los controles anuales y de cierto nivel de demanda a la hora de asegurar un buen desempeño. Si la asamblea se transforma en “veedor” de cada micromovimiento, la empresa se transformará en un ministerio Kafkiano.

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Qué Debemos Pedirle A Un Político, Y Qué No



Un político debe construir consensos alrededor de propuestas virtuosas (en términos de la mejor calidad de vida que su implementación generará) y conseguir el apoyo de la ciudadanía para llevarlas a cabo (éxito electoral).

Un político no tiene porqué ser un gran analista político. Puede ser un intuitivo, alguien que no logra explicar sus acciones pero que las lleva adelante exitosamente.

Tampoco tiene porqué ser un buen pronosticador electoral. Incluso en muchos casos la enunciación de su pronóstico íntimo o de su análisis político repercute negativamente en su acción política.

Es infantil burlarse de un político porque no acertó al PRODE electoral. Por citar un ejemplo emblemático, diremos que lo criticable de Carrió en términos políticos no es haber anunciado erradamente la desaparición del Kirchnerismo, sino haber provocado la suya propia.

Además de actor político, Chacho Álvarez ha sido un gran analista político. Sin embargo, esto no impidió que la construcción de consensos amplios y electoralmente exitosos sobre ideas no virtuosas (mantener la convertibilidad o centrar la corrección del proyecto en el combate del cohecho) lo llevara a su propia destrucción política en paralelo con la depreciada calidad de vida de muchos de sus votantes.

A un político no debemos pedirle mesura o decoro. Si decide representar a un sector que se vincula mejor con la desmesura, el político debe priorizar su representación al sentido del decoro. Cavallo no se equivocó porque gritó como un loco cuando perdió frente a Aníbal Ibarra, sino porque su conducta contravino lo que sus electores apreciaban y esperaban de él.

Un político no es un ejemplo de persona, ni mucho menos de modales. Representa una opinión: “que nadie quede sin representación” debería ser un mandato superior.

En cambio, en democracia un político sí tiene la obligación de establecer un compromiso con la política como “industria”. No debe debilitarla por querer obtener un mayor apoyo electoral o para lograr un mayor consenso alrededor de una propuesta, por más virtuosa que la crea.

El ejemplo de esto lo constituye un político que susurra al oído de militares golpistas con la intención de que su partido obtenga una participación que las urnas le niegan o que acepte conceder más poder de presión política a corporaciones (instituciones no constitucionales ni representativas de sectores) como las Iglesias, los medios, las embajadas extranjeras y lobbies varios, a cambio de apoyo y difusión para su proyecto político. Aunque este proyecto sea de inclusión social y defensa de los valores republicanos, debilitar a la política suele ser un camino errado. Por suerte, como demostraron las primarias, cambiar apoyo por apoyo con el enemigo de la política parece que es hoy una práctica poco rentable.

Esta clase de político debilita el poder de toda la representación política de la ciudadanía en pos de mejorar su propia participación. La actitud de dinamitar la mesa para ganarse una astilla más es uno de los pocos límites que un político constructivo de la oposición no debería cruzar, aún con apoyo de sus seguidores. Es un límite que el propio juego democrático le impone a la relación entre representante y representado.

Omitimos la obligación de cumplir la Ley, porque esta es una obligación horizontal que nos alcanza a todos, como la de respirar y comer. Aunque algunos políticos parezcan haber desarrollado branquias e incorporado procesos de fotosíntesis.

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Retribución Justa

Otra cosa que no debemos pedirle a un político es trabajar por monedas. Es una exigencia teñida de valores éticos pero que está al servicio de expulsar a todo aquel candidato que necesite vivir de sus ingresos y que aspire a darle a su familia un pasar acorde a las responsabilidades que asume en su trabajo.

¿Por qué un ministro que discute contratos a brazo partido por gigallones de dólares, debe ganar menos que el cadete del abogado que asiste a su contraparte? ¿Por qué siendo el Estado por lejos la organización más compleja, de tamaño más grande y que maneja conflictos y presiones descomunales, sus funcionarios de más alto rango no ganan al menos el doble que los ejecutivos máximos de Techint, Telefónica o Repsol? ¿Por qué no ganan ni la mitad?

¿Por qué un diputado que tiene que tomar decisiones que quizás lo enfrenten a los poderes dominantes de su sector de por vida, deba estar pensando si ese enfrentamiento no afectará el bienestar futuro de su familia?

Los accionistas de Arcor y de Techint, que entienden lo que significa defender lo propio, aceptan pagar sueldos obscenos a sus managers porque saben que eso repercute positivamente en su propio beneficio. Saben que un gerente obscenamente remunerado se juega más por sus intereses, se esfuerza más y saben que así reclutan entre los mejores. Además les exigen tener la camiseta puesta, obrar con fidelidad y dedicación, pero una cosa no va en detrimento de la otra.

Se ha instalado en La Argentina, y gran parte del mundo, que los políticos deben trabajar por la camiseta y el honor. Suena muy glorioso pero es la mejor ventaja que le podemos dar a las corporaciones cuyos intereses son antagónicos con los del Estado y que deben negociar permanentemente con él.

Es como enfrentar un equipo de fútbol profesional, que contrata jugadores por todo el mundo y los premia con oro, con un equipo de amateurs, que entrena a la salida del trabajo y los fines de semana y que juega con las preocupaciones de una familia con aprietes de dinero. El honor estará de nuestro lado pero los goles del otro.

La ciudadanía ha creado un cepo con el que somete a su clase política y del que no puede salir con facilidad. El político que proponga un aumento de sueldo será vapuleado por egoísta. Mientras prosperan los políticos que tienen ingresos independientes de su función y, por qué no, los que los tienen en paralelo a su función. Para salir del cepo deberíamos proponer la cláusula de equidad con las corporaciones, igual sueldo a igual responsabilidad.

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Clientelismo

Se acusa de clientelista a cualquier acción de ayuda social. Aunque beneficie a muchos, no sea discrecional y esté regulada por ley (por ejemplo la AUH o los planes jefas y jefas), el mote no desaparece. Así podríamos concluir que la promesa de más escuelas públicas corre serios riesgos de parecer una iniciativa clientelista.

Ahora bien, ¿por qué estaría mal que una persona vote al gobierno que más le da? ¿Acaso no es esta una buena razón para que un productor sojero vote a quien promete suspender las retenciones? ¿O sólo hay clientelismo si las sumas involucradas son pocas monedas y no millones?

¿No es clientelista Macri cuando promete no aumentar los impuestos?

Al parecer, es clientelista quien promete cloacas a cambio de votos, pero es un estadista que anuncia sus políticas públicas quien promete bajar las retenciones a la soja si gana. Asimismo, es clientelista quien regala colchones para caerles simpático a posibles electores pero es un estadista quien recibe al FMI para congraciarse con el organismo internacional y caerles simpáticos a sus posibles electores. En síntesis, pareciera que clientelismo es hacer por los pobres lo que un estadista hace por los acomodados.

Podríamos argumentar 1) que todo lo dicho no es demasiado malo; 2) que sólo las promesas que no puedan hacerse públicas son rechazables, y que en general las promesas clientelistas populares son forzosamente públicas; 3) que un político puede darle una exención fiscal a un gran grupo y hacerlo en silencio, pero repartir diez mil colchones en silencio es imposible.

Podríamos decir que es clasista tildar de “clientelista” a toda acción política que busca conquistar el voto de los ciudadanos con menos recursos, y que el sustantivo “estadista” aplica a todo aquel político cuyas medidas perjudican a los que menos tienen. Pero ni uno ni otro concepto explican nuestra realidad política.

Si realmente bastara con un pancho y una coca para ganar elecciones, De Narváez sería Presidente hace rato; nunca habrían perdido apoyo popular las huestes de Martínez de Hoz; Ruckauf seguiría siendo gobernador con sus zapatillas y, con tanta kaja y falta de escrúpulos, el FPV no habría perdido en la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Misiones y tantos otros lugares.

Si un político asegurase su victoria con la entrega de dádivas, el conurbano no sería escenario de tantos cambios, y Sabbatella no habría ganado ni mantenido la intendencia de Morón. Por lo tanto, el concepto de clientelismo como factor de poder en Argentina es, además de prejuicioso, falso.

En nuestro país es muy difícil ganarse al votante. Se necesita hacer mucho y para muchos. Si todo se resumiese al pancho y la coca, a promesas vacías o a bondis y plazas, no asistiríamos al cambio vertiginoso que vemos en las caras de la política.

Comparemos entre rostros de políticos y productos de góndola. Veremos que todos seguimos consumiendo la misma bebida cola, la misma marca de pilas, de arroz, de tomates enlatados, pero en cambio innovamos con los políticos y los partidos.

El clientelismo, la posición dominante, el anquilosamiento, el freno a la competencia, existen, pero en el comercio, no en la política.

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House of Cards [*****]<br />Mantenerse en el poder, es pararse sobre un castillo de naipes

Bajar la Serie House of Cards es una remake de la serie británica homónima de 1990, producida por la BBC en base a la novela del conservador Michael Dobbs. En la original nos cuentan cómo, tras la caída de Margaret Thatcher, quienes ambicionaban su puesto como líder de los conservadores ingleses (tories) se enfrentan entre sí como buitres. En la serie inglesa Francis Urquarth (Ian Richardson) rompe la cuarta pared hablando a la cámara con especial cinismo, como lo hace Francis Underwood (Kevin Spacey) en nuestros días.

Con la curiosidad que cada temporada cuenta con 13 capítulos, siguiendo las cartas de la baraja, esta serie que se considera "política" en cada capítulo deja bien claro que lo importante no es el dinero sino acumular poder. En esta línea la podemos emparentar con Boss, y más lejanamente con Borgen, Secret State o The West Wing.

La producción de Netflix convoca a Beau Willimon como creador, pero su mayor logro es conformar el matrimonio de Kevin Spacey (Shrink, TelstarBeyond the Sea) y Robin Wright (A Home at the End of the World, Sorry, HatersThe Girl with the Dragon Tattoo). Una pareja implacable que les mereció el Globo de Oro a ella en 2013 y a él en 2014, 29 nominaciones en el Emmy y muchos otros galardones.

Si te gustan los juegos de poder, si te gustan las tramas política -y soportás algunos personajes estereotipados- te debiera gustar House of Cards o sino podés hablarlo con Francis Underwood que el 30 de mayo estrenó la 5ª temporada de esta serie Muy Buena [*****].

Bajar la Serie
TÍTULO ORIGINAL: House of Cards
AÑO: 2013
DURACIÓN: 50 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Beau Willimon (Creator), David Fincher, James Foley, John David Coles, Carl Franklin, Joel Schumacher, John Dahl, Agnieszka Holland, Allen Coulter, Charles McDougall, Tucker Gates, Robin Wright, Jodie Foster
GUIÓN: Beau Willimon, Andrew Davies, Michael Dobbs, Kate Barnow, Sam Forman, John Mankiewicz, Laura Eason (Novela: Michael Dobbs. Remake: Andrew Davies)
MÚSICA: Jeff Beal
FOTOGRAFÍA: Eigil Bryld, Igor Martinovic, Martin Ahlgren
REPARTO: Kevin Spacey, Robin Wright, Michael Kelly, Kate Mara, Molly Parker, Mahershala Ali, Corey Stoll, Michael Gill, Derek Cecil, Rachel Brosnahan, Elizabeth Marvel, Reg E. Cathey, Sakina Jaffrey, Kristen Connolly, Sebastian Arcelus, Boris McGiver, Constance Zimmer, Jayne Atkinson, Paul Sparks, Dan Ziskie, Elizabeth Norment, Reed Birney, Kevin Kilner, Francie Swift, Karl Kenzler, Chuck Cooper, Maryann Plunkett, Chance Kelly, Sandrine Holt, Gerald McRaney, David Andrews, Joanna Going, Kim Dickens, Jimmi Simpson, Mozhan Marnò
PRODUCTORA: Netflix / Media Rights Capital / Panic Pictures / Trigger Street Productions
GÉNERO: Serie de TV. Drama. Thriller | Política. Periodismo. Remake. Serie Online
SINOPSIS: El implacable y manipulador congresista Francis Underwood (Kevin Spacey), con la complicidad de su calculadora mujer (Robin Wright), maneja con gran destreza los hilos de poder en Washington. Su intención es ocupar la Secretaría de Estado del nuevo gobierno. Sabe muy bien que los medios de comunicación son vitales para conseguir su propósito, por lo que decide convertirse en la "garganta profunda" de la joven y ambiciosa periodista Zoe Barnes (Kate Mara), a la que ofrece exclusivas para desestabilizar y hundir a sus adversarios políticos. Nueva adaptación de la novela homónima de Michael Dobbs, en la que se basó una miniserie británica de 1990.


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