Para tener una visión más sobre cómo llegó, qué fue y qué nos dejó, algo que después de 200 años no se termina en el Virreinato del Río de la Plata.


El Siglo De Las Luces

Entre Ángeles y Demonios conocimos la colorida mitología de los Iluminati, y aunque haya sido una rústica pluma quien nos llevó de paseo, logramos imaginar a un conspirador Galileo Galilei confrontando al orden establecido, para imponer la divina razón en este mundo indocto arrastrado por la superstición de la fe. Entre vos y yo… podemos descartar con certeza que el magnífico Galileo se haya implicado en la orden de los Iluminati (especialmente porque él falleció un siglo antes de su fundación, el 1 de mayo de 1776), y podemos dudar profundamente que el camarlengo Carlo Ventresca se apropie de un cuarto de gramo de antimateria, lo que no debemos desconfiar con tal liviandad es sobre las teorías conspirativas que vinculan a los Iluminati con la Revolución Francesa.
Numerosos libros, anteriores y posteriores a la Revolución Francesa relacionaron a esa gesta con una conspiración masónica y particularmente con la logia de los Iluminati, que en Francia se llamaría "Les illuminés". Es un hecho que todos los ideólogos y dirigentes políticos de la Revolución Francesa sin excepción, han sido francmasones: desde los teóricos propagandistas como Montesquieu, Rousseau, D'Alambert y Voltaire, hasta los activistas más prominentes como Saint-Just, Robespierre, Felipe de Orleans, Lafayette y hasta el mismo hermano de Napoleón. Por otro lado, el hecho que el grito de Libertad, Igualdad y Fraternidad haya sido el lema de la Revolución así como también la divisa de la francmasonería, confirma que fueron ellos quienes en el siglo XVIII soñaron y diseñaron la Revolución.

El Iluminismo o Ilustración fue un movimiento cultural que se desarrolló en Francia e Inglaterra, desde los comienzos del siglo XVIII hasta la Revolución Francesa. Sus influencias cambiaron el mundo hasta entonces conocido –como era su original propósito– y después del “Siglo De Las Luces” nada fue igual, afectando las artes (neoclasicismo), las ciencias (Isaac Newton), la religión (ateísmo) y la política (despotismo ilustrado y socialismo utópico). En esta última sobresalieron las mentes encendidas de Denis Diderot, Jean Le Rond D'Alembert, Montesquieu y Jean-Jacques Rousseau, quien con su célebre libro El Contrato Social enamorara por completo a nuestro Mariano Moreno mientras cursaba sus estudios en la Universidad de Chuquisaca, al punto de convertirlo en traductor de ese tratado para nuestras pampas.

¿La Revolución de Mayo?

En 1802 con sus jóvenes 24 años regresa Mariano Moreno a Buenos Aires devenido en abogado, y en pocos meses formará el germen revolucionario con su amigo Juan José Castelli y quien fuera su primo, Manuel Belgrano. Impregnado del iluminismo francés, les expondrá que la razón está en el hombre y con ella se debe reordenar al mundo. Es evidente que este racionalismo no comulga con los conceptos religiosos que explican a los gobiernos monárquicos como delegados de Dios en la tierra, y las mismas ideas que le harían perder la cabeza a Luis XVI se opondrían a la corona de Fernando VII en el Río de la Plata.

Por un lado Jean-Pierre Houël nos colorea en su cuadro “Prise de la Bastille”, como la plebe y la burguesía ilustrada toman el poder que ocupara la monarquía; y por el otro lado Pedro Subercaseaux nos pinta el “Cabildo abierto del 22 de mayo” donde “el pueblo quiere saber de qué se trata!”. Difícilmente se pueda rotular de revolución una gesta donde el pueblo no participa ni se entera, y se destaca por el uso (o no) de paraguas… en lugar de fusiles.


[Ya sé, te diste cuenta que algo no cierra…, comparar la Revolución Francesa con la Revolución de Mayo es poner en el mismo escenario a Alain Delón y Ricardo Fort].

El potosino (hoy boliviano) Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez, detentaba todo el poder de la fuerza como primer jefe del Regimiento de Patricios, pero no poseía ningún plan revolucionario para librarse del monopolio español, que sólo les permitía comerciar con el puerto de Cádiz, “obligándonos” a contrabandear los libros franceses y las mercaderías inglesas. Mariano Moreno se consideraba iluminado por el poder de la razón, y se adjudicaba la autoría del magistral Plan Revolucionario de Operaciones, pero no contaba con fuerza alguna que permitiera llevar adelante estos sueños, no lo respaldaban las clases burguesas ni trabajadoras que impulsaban a sus admirados jacobinos, Robespierre y Saint-Just. Además, su condición y actitud de porteño lo excluían de todo posible respaldo del pueblo “bárbaro” de las provincias. Saavedra y Moreno se necesitaban tanto como se complementaban, formaban una alianza natural. Parece mentira que la política argentina nos esté demostrando hace 200 años que las alianzas sirven tanto para llegar al poder, como para destruirse en ese mismo instante.

Mariano Moreno será el Secretario de la Primer Junta y entrará al grupo de próceres que durante doscientos años serán admirados por unos y criticados por otros (el otro grupo será sólo denostado), pero tendrá algunas frases que mantienen una vigencia inaudita: “Los pueblos nunca saben, ni ven, sino lo que se les enseña y muestra, ni oyen más que lo que se les dice”, el concepto se termina de completar cuando pensamos que lo dice el dueño de un diario, La Gaceta.



La Modernidad Del Libre Comercio

El imperio español representaba la decadencia, el atraso, un reino que no había producido su revolución cultural. Seguía atado a la monarquía y como frutilla del postre fue invadido y conquistado por la vanguardista potencia francesa, que coronaba la burla con el reemplazo del rey por José I Bonaparte (más conocido como Pepe Botella). Estaba muy claro para los revolucionarios de mayo que debíamos librarnos de ese yugo colonial del siglo pasado, para entrar en la modernidad cultural y económica que representaban Francia e Inglaterra respectivamente.
Después de las fallidas invasiones inglesas, un grupo de brillantes dirigentes como el Ministro Británico de Asuntos Exteriores George Canning, inspirado en Adam Smith y seguido por Richard Cobden, conformaron el Pacto Neocolonial. A diferencia del spanish style, aspiraba a colonizar mediante la dependencia económica y no militar o religiosa, permitiendo sin reservas que sus súbditos porten banderas, escarapelas, himnos y todo el cotillón que los convenza de su “libertad”. Esto explica a las claras los cañonazos de festejo que ofrecieron los barcos ingleses amarrados en el Rio de la Plata cuando se notificaron de la “Revolución” de Mayo. El Pacto Neocolonial pensado por Canning (ahora Scalabrini Ortiz) tendrá su deslumbrante debut con el empréstito de la Baring Brothers‎ firmado con Bernardo González Rivadabia (no, no está mal escrito) más conocido como el Sapo del Diluvio inaugurando con él nuestra era colonial capitalista en la cual aún vivimos.

La ley de cereales (Corn Laws) fue un capítulo esencial para entender esta miniserie de la BBC sobre enredos y aventuras. La población mundial en el 1800 apenas alcanzaba los mil millones de personas, aumentando un 30% en el siguiente medio siglo. Hasta ese entonces, la aristocracia cerealera británica tenía sus excentricidades cubiertas, ya que la ley obligaba a la burguesía industrial para que sólo puedan surtirse de ellos, mediante medidas de proteccionismo arancelario. Este monopolio obviamente encarecía el precio del pan, pieza fundamental para la formación del salario de los trabajadores. Finalmente en 1846 la Cámara de los Comunes del Reino Unido libera de esta restricción a la burguesía industrial, permitiendo que bajen sus costos (y salarios) importando los cereales desde las colonias. El Corn Laws dio lugar al Libre Comercio, piedra fundamental del interés británico por sus queridas colonias, tanto al norte como al sur de las Américas. Y justamente piedras (adoquines) es lo que recibimos a partir de ese momento como lastre en los barcos británicos que se llevaron nuestro trigo.

La Vanguardia

Así como el 12 de octubre tiene un significado muy diferente para un porteño descendiente de los barcos y un integrante de los pueblos originarios, lo mismo debiera suceder con la “Revolución de Mayo” y las provincias argentinas.

En ese mismo 1810 nacía en Tucumán Juan Bautista Alberdi, quizás uno de los más lúcidos políticos argentinos. Sólo con su aporte se pudo comprender lo que significó la Revolución para el “resto” de los argentinos, ese resto que más tarde Sarmiento y Mitre denominarán como barbarie, no muy distante al pensamiento iluminista de Moreno. Mientras Buenos Aires lograba pasar de la dominación colonial española al neocolonialismo inglés, las Provincias del Rio de la Plata pasaban del colonialismo extranjero al porteño. Comenzando una época de persecución y exterminio a sus caudillos, representantes legítimos de esa Democracia Bárbara -como la denominaba Alberdi- e inaugurando lo que sería nuestra salvaje guerra interna entre Unitarios y Federales.

Finalmente todo se reduce a un viejo pero muy vigente debate sobre la “vanguardia política”. Quienes pertenecen a la vanguardia (o al menos así lo sienten) por definición están fuera de la masa, del pueblo, son adelantados que según el iluminismo interpretan las leyes de la historia y su visión preclara los pone en el futuro. Esta élite iluminada siente el derecho y el deber de compartir este futuro que le fue revelado con su nación, incluso subyugándola por la fuerza y el uso del terror, como describe Moreno en su Plan Revolucionario de Operaciones.

Otra corriente política prefiere los líderes que surgen de “interpretar” el pensamiento de las masas, brotan como emergentes del pueblo que los elige para guiar su camino. Estos políticos populares, como Hipólito Yrigoyen o Juan Domingo Perón recién llegarán a estas pampas un siglo después que Moreno, y dejarán el Liberalismo Excluyente de Sarmiento y Mitre, por el Integracionista que profesaba Alberdi.

Increíblemente el pueblo argentino aun no define qué tipo de liderazgo prefiere, y posiblemente la duda esté justificada. Los que buscan a los iluminados serán seducidos por discursos que comienzan con “Síganme…”, los demás buscarán la Patria en el otro.

Posiblemente la Revolución de Mayo de 1810 no pueda definirse justamente como una “revolución”, y 200 años después sigamos peleando por conseguir esa Libertad, Igualdad y Fraternidad, pero creo que finalmente nos estamos encaminando.

Publicado por Sergio Marino

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4 comentarios :

  1. Napoleón no era masón. Sí lo era su hermano José quien gobernó Italia.
    Napoleón se refería despectivamente a los masones, decía que eran un montón de "gordos que se reúnen a comer y a decir estupideces".

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  2. Muy bueno!!! para abrir la mente y seguir investigando...

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  3. Tu comentario es de por sí interesante porque incluye ítems ajenos a la política diaria. De todas maneras no acuerdo con los supuestos que se perciben. Ciertamente los revolucionarios de Mayo no disponían más que de sus conocimientos adquiridos en Francia, y su propia sensibilidad. En esa época no había un país, ni un Estado, ni un pueblo identificable. Era un conglomerado heterogéneo movido por intereses particulares. ¿Qué pensás que deberían haber hecho? ¿Haber permitido que continuase la subordinación a España o Inglaterra, seguir siendo títeres de la oligarquía porteña que sólo miraba sus propios intereses, ajenos completamente a otra historia?
    Todavía no somos una nación integrada. Falta mucho para ello.
    Gloria

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  4. Gracias a tod@s por los comentarios.
    Asumo que todos han visto que continúa en una segunda parte, no?

    Gloria, yo creo que la respuesta está dentro de la pregunta, creo que lo que terminó pasando es justamente “seguir siendo títeres de la oligarquía porteña que sólo miraba sus propios intereses”. La “Revolución” se hizo de espaldas al pueblo, si por pueblo se entiende a los habitantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata y no sólo a un grupo de porteños. Y creo que la prueba más contundente de eso es que después de 200 años eso sigue siendo así.

    Sería muy presumido de mi parte responderte a lo que yo hubiera hecho, pero creo que la fundación de una Nación no se podía hacer sin su gente, y me refiero fundamentalmente a esa gente que respondía a los caudillos de sus provincias, los gauchos y nativos.

    Saludos!

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